LA CASA DEL RITMO Y LA ALEGRÍA DE LOS ÁVILA. Por Jesús Ángel Semprún Parra

     A veces la vida nos bendice con amistades sinceras y abiertas, que nos incita siempre a manifestar un agradecimiento que perdure en la memoria a través de las palabras. Por ello una amistad como esa la atesoramos como una gema singular o la cultivamos como el más primoroso de los jardines en flor. Se trata de una amistad con nombre y apellido, se llama Raquel Ávila. De conversación ligera y fácil, amena e interesante, henchida de recuerdos gratos y familiares, así como de logros y realizaciones. También ha tenido bajones  en la vida pero prefiere ser ante todo positiva. Y de esas conversaciones y de esos recuerdos cada tarde en la casa de habitación de su hija amantísima, Karla, esposa de mi amigo y hermano Alberto, y de sus adorados hijos Jesús Alberto y Oriana, extraje esta pequeña crónica que ahora os cuento.

     Se trata de la Casa del ritmo y la alegría de los Ávila, asiento del hogar de la familia Ávila Acosta; un compositor gaitero la llamó alguna vez, el “Racho alegre”;  esa familia estuvo constituida por Ángel Alberto Ávila  y su esposa Carmen Josefina Acosta de Ávila, quienes procrearon nueve hijos, seis varones y tres hembras. Todos ellos dotados de un talento y vocación especial por y para la música.

     La casa familiar de los Ávila Acosta estaba ubicada exactamente en la avenida 9B, entre las calles 69 y 70 del sector Tierra Negra, de la parroquia Olegario Villalobos, signada con el número 69–114. Ellos se establecieron allí cuando el quinto varón de los hijos cumplió un año de nacido, es decir en el año 1958, a nueve meses de haber nacido la democracia en nuestro país. Anteriormente los Ávila Acosta vivían en la calle El Rosal, contigua a la conocida cañada Brasil del sector Valle Frío de Maracaibo. Por qué el nombre de “La Casa del Ritmo y la Alegría de los Ávila”, sencillamente porque fue el hogar de una de las familias típicas maracaiberas de músicos de talento y autodidactas, quienes cada uno de manera individual –unos más otros menos–  ha aportado lo suyo a la historia de la música en el Zulia y precisamente aquí es donde se centra  nuestra historia, además de ser la casa epicentro y punto de confluencia de algunos de los músicos más importantes y representativos del país y la región, por ser esta casa lugar de solidaridad, camaradería, jovialidad y acogida.

     Comenzaremos entonces con el patriarca de la familia y el ejemplo a seguir, Ángel Alberto Ávila, amante de la música y del cancionero popular latinoamericano, aprendió a tocar la guitarra de oído y con otros guitarristas de la localidad que lo hacían con mayor pericia y práctica, pero no pasó muchos tiempo para que Ángel Alberto los superara con creces,  siendo magistrales sus interpretaciones, era característico su punteo al tocar las canciones del trío Los Panchos de México y llegando a formar parte del trío La Rosa y hasta conformar su propio trío llamado “Siboney”, donde cantaba la zuliana Teresita Antúnez. Esto sin duda era su afición más querida porque lo alternaba con sus oficios remunerados en la Cervecería Regional, como tornero, mecánico y soldador, entre otros. Sin duda era un apasionado de la música y de la guitarra como instrumento. Su esposa Carmen Josefina Acosta de Ávila, le gustaba cantar y lo hacía bien, y cuando se reunía toda la familia tocaba las cucharas que soltaban un ritmo muy cadencioso producto del movimiento de las manos y el toque de una pierna. Tenía una voz afinada y en las reuniones de esparcimiento dominical, se formaba la parranda con amigos y allegados, también músicos y cantantes, muchos de ellos ya contaban con algún reconocimiento en el ámbito musical local.

En ese ambiente se levantaron y desarrollaron los talentos musicales sus hijos y empezaremos con Raquel Ávila, cantante y ejecutante de todos los instrumentos tradicionales de la gaita: cuatro, furro, tambora, maracas, charrasca, y otros como el arpa, la guitarra y el güiro, entre otros. Pero sobre todo ejecuta las maracas y el cuatro con una habilidad virtuosa. Conocida como Raquelita Ávila, nació en la calle El Rosal del barrio Santa Lucía. Tiene dos hijas, Karla y Karem. Se inició en el conjunto de gaita “Bracanal”, de Bracho Canadell, pasando luego al conjunto Imperio, del compositor Héctor Larreal, grabando algunos temas en 1962 con Fonográfica del Zulia. Integró Las Cardenalitas en 1964 y en diciembre de este mismo año, fue una de las fundadoras del primer conjunto femenino de gaitas propiamente dicho, “Las Alondras” (1964-1967 y 1971), como solista, primer cuatro y directora musical. Con esta agrupación realizó giras por todo el estado Zulia y algunas ciudades importantes del país. Aparte de Maracaibo las contrataban en toda la costa oriental y sur del lago. Tocaba en La Concepción, en el Club Huasipungo de Santa Bárbara, en El Tablazo, etc. También incursionó en el mundo gaitero con el conjunto Santa Anita, participando con ellos única y exclusivamente en el otrora reconocido festival gaitero con el nombre de Festival Pampero. Esto se debía a que el referido certamen exigía a los conjuntos un intérprete de las maracas, instrumento gaitero que ha ido desapareciendo o lo han hecho desaparecer las nuevas generaciones de gaiteros y era por eso que la invitaban constantemente, ya que es una excelente ejecutante de maracas como ya hemos referido. En la Universidad del Zulia formó parte del conjunto de música típica de la Dirección de Cultura de LUZ, en el cual ella interpretaba el cuatro. También conformó un dúo con Iván Salazar el cual era invitado para casi todos los eventos que realizaba el Sistema de Servicios Bibliotecarios y de Información de la Universidad del Zulia. Actualmente, sigue formando parte del tradicional grupo femenino Las Alondras tocando el cuatro y cantando. De vez en cuando, es invitada para cantar en fiestas y tocar maracas en grupos musicales zulianos de reconocida trayectoria, como por ejemplo, el Quinto Criollo, entre otros. Es una autodidacta, porque nunca fue a una escuela de música o canto y todo lo que sabe y domina en el mundo gaitero lo aprendió por sí misma. Actualmente forma parte del grupo Gaiteros de San Sebastián (2012), con quienes ha grabado tres producciones musicales, en las últimas de las cuales ha destacado la interpretación del tema El vuelo de la gaita. Rosalba Ávila, ejecuta el furro, la charrasca, las maracas y el güiro. Formó parte de “Las Alondras”. Ruth Ávila, canta y también ejecuta las maracas, la tambora, el furro, el bongó y la charrasca, ésta última con verdadera destreza. Fue integrante de los grupos de gaitas “Las Alondras”, “Son de Madrid” y “Voces Cuatro”. Orlando Ávila, es cuatrista,  tamborero y charrasquero. Ha formado parte de las agrupaciones “Los Sabrosos” y “Vencemos Mara”. Oscar Ávila, tocaba el furro en las reuniones. Oswaldo Ávila, se ha destacado en el ambiente gaitero fundamentalmente como cuatrista, furrero, tamborero, charrasquero, maraquero y cantante. Ha formado parte del conjunto gaitero  “Gran Grupo”. Ovelio Ávila, es bajista, contrabajista e instructor de música. Ejecutante de otros instrumentos como el cuatro, la guitarra, las congas, la tambora, el furro, la charrasca, las maracas y las castañuelas, entre otros. Realizó estudios en el Conservatorio de Música “José Luis Paz” (1973-1976). Perteneció al Grupo Boallanché (Bolívar, Allende y el Ché) acompañando en varias presentaciones al cantautor Alí Primera. Tuvo una participación con Boby Valentín y los Caballos de la Salsa, con Leo Marini, Los Blancos y con Balbino cantando Venezuela. Ha formado parte como bajista de varios grupos. Ha acompañado a artistas, orquestas y grupos de prestigio como: Argenis Carruyo, Neguito Borjas, Ricardo Cepeda, José Tineo, Humberto “Mamaota” Rodríguez, Nerio Ríos, Rafael Rincón González, Simón Díaz, Atenógenes y Aurita Urribarrí, Tino Rodríguez, Victor Hugo Márquez, Lilia Vera, Francisco Pacheco, Los Panchos, Serenata Guayuanesa, Cecilia Toods, Yasmire Bracho, Un Solo Pueblo, Jorge Polanco, Gustavo Colina, Enrique Atencio, Grupo Época Son, Grupo Raices de Venezuela, Anselmo López, Delcirio Mujica, Pedro Castro, entre otros. Asimismo, ha realizado giras y conciertos como invitado especial con las siguientes agrupaciones y artistas: Guascar Barradas como cuatrista, Henry Stephen, Ivo, Pecos Canva y Trino Mora con Francisco Belisario y su Clan de los 60, con Simón Díaz y Jorge Polanco, con la Orquesta Sinfónica del Zulia como cuatrista acompañando a los cantantes líricos Linda Marín y Jorge Quintero, con el Grupo Candela en el Teatro Teresa Carreño en compañía de Lilia Vera, Francisco Pacheco, Serenata Guayanesa y Cecilia Toods, concierto con el Grupo Candela y la Orquesta Sinfónica de Maracaibo, así como giras por Ecuador con el Grupo Candela con presentaciones en los teatros Sucre y Pichincha (2008) y con Gualberto Ibarreto, Cecilia Toods con Convenezuela y Freddy Reina. Ha participado en numerosas grabaciones con importantes agrupaciones. Omar Ávila, es un carismático cantante y ejecutante de todos los instrumentos de la gaita, además de las congas, el bongó y el güiro. Ha formado parte de las agrupaciones gaiteras “Santa Anita”, “Los Sabrosos”, “Vencemos Mara” e “Investigación Gaitera”. Actualmente es solista de su propia banda en los Estados Unidos de Norteamérica, “Azukar Band”. Tiene en su haber varias producciones discográficas; y Omer  Ávila, ejecuta la tambora, el furro, el bongo, las congas, la charrasca y las maracas. Ha participado en agrupaciones como: Quinto Criollo, Grupo Café, San Sebastián e Investigación Gaitera, ésta última agrupación pertenece a la empresa donde labora, INDESCA.

La casa de los Ávila, era una vivienda modesta, primorosamente pintada y con un patio amplio arborizado, donde abundaban las matas de mango, así como podía verse algunos animales como gallinas, pavos, patos, loros, guacamayos y tucanes, era la casa de la convivencia, del compartir, del conocer y disfrutar. Se sentían orgullosos de ella por su valor íntimo, por lo que significaba, porque era acogedoramente cálida  y familiar. Me comentaba la señora Raquel, que cuando llovía, la casa se convertía en una caja de música, las goteras dentro eran muchas por las perforaciones del techo y para retenerlas colocaban envases de vidrio que luego se llenaban a distintos niveles, volviéndose instrumentos que los hermanos Ávila tocaban, interpretando piezas completas del folklore. La casa no permanecía en silencio nunca, solo cuando ellos se entregaban al sosiego y que por ser una familia numerosa, dormían en hamacas uno encima del otro. Es por eso que, con su ocurrencia jocosa y vena humorística a flor de piel, llegaron a decir que era la casa de las goteras y las hamacas literas. Pero eran felices, una felicidad que ni se compra y ni  se vende. Por ello todas estas vivencias que enriquecían su historia de todos los días.

La casa de los Ávila, era el sitio preferido de los artistas amigos y de ensayo de los propios hermanos Ávila, allí se daban cita en aras de confraternizar y practicar con la música: algunos integrantes de los grupos “Las Alondras”, “Siembra”, “Guaco”, “Quinto Criollo”, “Serenata Guayanesa”, “Los Impala”, “Grupo Café”, “Santanita”, “Candela”, “Los Sabrosos”, “Grupo Raíces de Venezuela”, “Boallanché” y “Voces Cuatro”, entre otros. “Las Alondras” ensayaban las composiciones de Hermes Chacín, su mentor y guía. El monumental Ricardo Aguirre y toda su dinastía, el de la Grey zuliana; el cantautor Carlos Moreno y hermano Alberto Moreno, integrante del grupo “Siembra”; la exquisita contralto Lissiana González del grupo “Voces Cuatro”;  el compositor Héctor Larreal; el arpista Antonio Diguida; el bajista y arpista Claudio Hernández, del grupo Los Colosos; el Pintor musical del Zulia, Rafael Rincón González, el de los Pregones del Zulia; los rockeros Henry Stephen, de Los Flippers y Los Impala, y su éxito Limón, limnero; Ivo, del Clan de los 60, con su tema Imagínate  y el cantautor Trino Mora con su tema emblemático Libera tu mente; el compositor Ernesto Pulgar; la cantante y compositora Carolina Pulgar, mejor conocida como Karolina con K; el virtuoso del cuatro, Jorge Polanco; el percusionista Argenis Peña; y el cantante Ramón Rosado conocido por su nombre artístico Samuel, entre muchos otros. Hasta el maestro del cinetismo en Venezuela, Jesús Soto, tocó la guitarra junto con Raquel Ávila, lo que fue un encuentro único. El guitarrista, compositor y cantante, Enrique Hidalgo, autor del famoso tema Presagio, interpretado por Gualberto Ibarreto, compuso un tema instrumental hermosísimo inspirado en los Ávila, que él tituló Confonía avileña, ensayada e interpretada por los propios hermanos Ávila, acompañados del profesor Cheo Rincón en la ejecución de la bandola y posteriormente, por el Grupo Raíces de Venezuela, lastimosamente no llevada nunca al acetato. Esta pieza es realmente difícil de ejecutar, debido a los complejos cambios musicales que presenta.

En esta casa de artistas maracuchos, caja de música, se reunían todos estos grandes de la música, y lo hacían en torno a una buena mesa criolla, cada invitado o visitante llevaba espontáneamente su aporte para un almuerzo dominical festivo, donde todos comía, bebían, cantaban, bailaban, contaban anécdotas y brotaban las más ingeniosas ocurrencias de la idiosincrasia maracucha. Eran verdaderos banquetes de gastronomía zulian, nadie quedaba sin comer y todo aquel que llegaba de improviso tenía un lugar en la mesa. Cada uno de los Ávila, especialmente Raquel, Ovelio y Omar, han tenido relación amistosa con músicos y cantantes por su actividad profesional en los diferentes grupos musicales. Los hermanos Ávila hasta de niños jugaron con Felipe Pirela en Valle Frío, el futuro “Bolerista de América”.  Para la celebración de los cumpleaños de algún miembro de la familia o amigos, era la mejor de las escusas para el jolgorio. Hasta acostumbraban a dar serenas en las calles de su barrio y en las adyacencias.

La Navidad era especial con la elaboración de los platos propios de esta festividad al estilo zuliano, donde la hallaca no podía faltar, la gaita se hacía escuchar en las interpretaciones de los Ávila. Cuenta la señora Raquel, que una vez su mamá arrojó una semillas al pie de una armazón de palos, justamente delante del porche de la casa y comenzó a crecer y extenderse una planta en forma de enredadera o planta trepadora, hasta formar un techo muy acogedor y el cual era adornado con luces de colores para las festividades decembrinas y se convirtió en la atracción del sector, llamando la atención de los transeúntes.

El tiempo ha pasado y la Casa del Ritmo y la Alegría de los Ávila quedó en la remembranza, sabemos que nada es para siempre, pero no obstante los hermanos Ávila continúan con su alegría, humor y con su música, en cada uno de sus hogares que han formado. Los que se han dedicado a la música como Ovelio, Raquel y Omar, lo hacen como mucha seriedad y profesionalismo. Ha aumentado sus vinculaciones con músicos y artistas de prestigio, y se han ganado el reconocimiento de los conocedores de las artes auditivas. Pero con todo siguen añorando  la casa familiar y todo el cúmulo de recuerdos y de vivencias que atesoró. Los viejos no están, pero los hermanos Ávila se mantiene unidos y con la familia creciendo.

Maracaibo, 24 de febrero de 2020.

Jesús Ángel Semprún Parra        

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