[Fragmento]: Juan Lebrun anuncia libro de entrevista con Armando Rojas Guardia

A través de sus cuenta de Facebook el joven escritor venezolano Juan Lebrun anuncia que está trabajando en una publicación con Armando Rojas Guardia.
In extenso reproducimos el material compartido en sus redes sociales:

Presento ante ustedes, amigos y conocidos, un adelanto de un proyecto con Armando que empezamos a emprender este año. Se tratará de un libro que buscará capturar el pensamiento vivo haciéndose entre dos personas, lo que Lezama llamó “dualidad participante”.

Este solapado de dos fotos lo realizó mi querido amigo y escultor, Willy Tey Garcia Bastidas, cuando ayer, reunidos para otro proyecto que más adelante adelantaré, yo trabajaba en la transcripción de la conversación con Armando.

Dar con Armando en una de las etapas de mi vida fue seguido de la confirmación poética de quién es. El significado que ha tenido para mí el contacto con él sugiere al maestro que creyó en mí cuando pocos lo hacían. Esto es simplemente invaluable. Ante tanto escepticismo reinante, su mirada y escucha maravilladas maravillan toda realidad que lo rodea. En eso está la lucidez: en el contacto pleno con la realidad. Por eso, él diría, en una de nuestras conversaciones que «no hay loco alegre».

En fin, aquí les va un adelanto. Espero, con su paciencia, le encuentren algún divertimento:

Conversación 2
Armando Rojas Guardia y Juan Lebrun

Juan: La gematría opera con la asignación de un número a una letra. Cada letra del alfabeto hebreo tiene una asignación numérica, y esa asignación numérica tiene un valor espiritual, asignado por la lectura exegética de la Biblia por los cabalistas. Vi una clase de un rabino estadounidense acerca de ese tema. Hablaba de las distintas asignaciones numéricas y el valor espiritual de los números. En el Apocalipsis, por ejemplo, que parece haber sido escrito por Juan, se le asigna al Apocalipsis el número 666. Asimismo, el valor numérico del nombre de Dios parece ser 26, lo cual es un imposible en el hebreo, ya que todas las posibilidades vocálicas de introducir dentro del nombre YHVH no dan 26, sino otros números. La interpretación es que el nombre de Dios lo dio Dios de esa manera para hacer imposible la averiguación del ser humano, ya que si el ser humano podía averiguarlo, podía…

Armando: Tener poder sobre Dios.

Juan: Exacto. Y me pareció muy interesante que el rabino decía que es una ciencia o un arte que no puede aplicarse al inglés o a ninguna de las lenguas modernas, porque estas tienen un carácter mucho más descriptivo e utilitario, a diferencia de las lenguas antiguas que, desde su nacimiento, venían mezcladas con las matemáticas, la divinidad y la cultura. Venía todo en uno, ¿no?, en las lenguas antiguas. Por lo tanto, explicaba el rabino que hacer gematría en la lengua inglesa es una pérdida de tiempo, lo cual no es ni en el hebreo ni en el griego ni en el fenicio. Y por allí, también ahondé un poco en la cuestión arquetípica de la astrología y del zodíaco… Me di cuenta de que Pessoa era un gran astrólogo.

Armando: Sí, sí.

Juan: Que estudió sobre todo a Alan Leo, quien fue un astrólogo de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Publicó, entre otros libros, The progressed horoscope en 1906. Es un libro muy interesante en cuanto a la actualización de la astrología para la modernidad, ya que propone este arte no como un método de adivinación, presagio y futuro, sino como una forma de comprensión del ser. La astrología siempre ha estado dentro del mundo esotérico de occidente. No sé qué opinas tú de la astrología.

Armando: A mí me conmueve mucho, como postulado, que la astrología implique la vida humana entrelazada con el cosmos, es decir, hay una relación orgánica entre nuestra existencia y la vida cósmica. Eso me parece maravilloso. Y siempre me ha parecido estupendo ese dictum astrológico: los astros inclinan pero no obligan. En la tradición hebrea, en la tradición judía hay una gran reserva frente a la adivinación, porque, para la antigüedad judía, todo intento de pronosticar el futuro atenta contra la libertad de Dios, que es omnímoda y total. Los reyes magos, los llamados reyes magos, en realidad no eran reyes. Eso no lo dice el Evangelio de Mateo, que es quien menciona a los magos. El Evangelio lo que dice es que los tres (Melchor, Gaspar y Baltazar) eran magos. Y es casi escandaloso que el Evangelio pondere la presencia de los magos ante el nacimiento de Jesús, porque el oficio de los magos estaba penado en Israel prácticamente con la pena de muerte. Eso lo dice José Ignacio González Faus, que es un teólogo catalán que me fascina. Él dice que lo de “reyes” es un invento. Ignacio Murga me comentaba el otro día que parece que empezaron a llamarlos reyes en el siglo XVI o XVII. El Evangelio no dice que eran reyes, dice que eran magos. Y eran astrólogos. Por eso es que se fijaron, dice el Evangelio, en una estrella. Pero ese oficio de los magos del Evangelio estaba castigado con la muerte en Israel. Bueno, pues, yo tengo dos grandes amigos astrólogos: José Bernardo Gómez Valery, quien es excompañero mío jesuita y Silvia Cova, su esposa. Él salió de la compañía hace muchos años y se graduó de filosofía en la UCAB y de Historia en el Pedagógico, y es un astrólogo muy reputado. Incluso a él, cuando el segundo gobierno de Caldera, lo pusieron preso, porque dio unas declaraciones, como astrólogo, diciendo que Caldera iba a desaparecer de la figuración pública. Y muchos interpretaron esa declaración como si José Bernardo Gómez dijera que Caldera se iba a morir. Entonces, la policía política del momento lo puso preso. Y pasó creo que un día o día y medio en la cárcel. Y yo no he vuelto a ver a José Bernardo, pero él me hizo la carta astral. Por ahí, yo tenía la grabación de la conversación que tuve con él cuando hizo mi carta y la descifró. Y también tengo mucha amistad con Silvia Cova, quien fue esposa de José Bernardo. Ella se divorció hace años de José Bernardo. Tuvo tres o cuatro hijos con él. Y ahora Silvia está en Madrid viviendo, y es una gran astróloga. Es terapeuta jungiana. ¡Extraordinaria terapeuta! Y una gran astróloga. También me leí la carta astral con ella. Es una lástima que haya perdido la grabación de la conversación que tuve con ella cuando me leyó la carta astral.

Juan: ¿Eran semejantes las dos cartas?

Armando: Sí, se parecían.

Juan: ¿Y cómo eran, Armando?

Armando: ¿Las cartas?

Juan: Sí.

Armando: Yo recuerdo muy vagamente. No me impactaron demasiado porque si no, las recordaría con nitidez. Recuerdo que señalaban que el año 1956 fue un año clave en mi vida. Eso es cierto, porque, en el año 56’, entré a estudiar al Colegio San Ignacio. Y eso cambió mi vida para siempre.

Juan: Fue cuando entraste en contacto con los jesuitas por primera vez.

Armando: Así es. También recuerdo que me dijeron, los dos, que mi sexualidad tiene mucho que ver con Urano, es decir…

Juan: Imagínate: el planeta de la revolución.

Armando: … Y además, con la bajada al Hades. O sea que, para mí, la sexualidad, de alguna manera, es una experiencia de muerte. De muerte como transformación interior.

Juan: Claro. ¿De muerte y renacimiento podría decirse?

Armando: Sí.

Juan: Ya que sacaste el tema, ¿qué implica, en un nivel místico, la sexualidad para ti, tu sexualidad?
Armando: Eso es un caballito de batalla para mí, porque yo no encuentro, no he encontrado hasta ahora, la manera de integrar la sexualidad a mi espiritualidad. La sexualidad en mi vida es una comarca autónoma, regida por su propia dinámica, y me es muy difícil integrarla a mi vida espiritual, es decir, no encuentro la manera de vivir la sexualidad con un talante evangélico. Yo creo, hablando teológica y cristianamente, que la sexualidad nos la ha entregado Dios obsequiosamente como un espacio de comunión con el otro. Es un espacio privilegiado de contacto con la alteridad personal, con el otro. Pero, en mi caso, siempre estoy a medio camino, porque, por ejemplo, yo aprendí, leyendo a Séneca, la importancia de la libertad interior. Una manera de lo que los antiguos llamaban el cuidado de sí es no esclavizarse a nada ni a nadie, empezando por no esclavizarse a ninguna de las pulsiones e inclinaciones personales. El cigarrillo es una esclavitud.

Juan: Sin duda.

Armando: Mientras yo no deje de fumar, seré permanente esclavo de ese vicio. Y hay otra segunda esclavitud: yo no tengo pareja, pero acudo, con mucha frecuencia, a la masturbación. Me parece que, hasta cierto punto, la masturbación, en mi caso, actúa a la manera de una esclavitud. Entonces, no encuentro la manera adecuada de vivir la sexualidad integrada a mi espiritualidad.

Juan: ¿Y el amor no es una solución posible?

Armando: Por supuesto que… No es que es una solución. El amor es la solución, porque la sexualidad debería ser, cristianamente hablando, expresión de la opción por el amor. Eso se dice fácil teóricamente, pero a la hora de la verdad, frente a la pulsión sexual, ¿Cómo hacer para poner esa pulsión al servicio del amor? ¿Sobre todo, si no tienes pareja?

Juan: Claro, sin un destino al cual ese amor pueda posarse.

Armando: ¡Y expresarse! Hace unos meses, me relacioné, en plan de pareja, con un amigo mío. Me hice amigo de él a través de Internet. Y nos empezamos a ver. Y fue, durante unas cuantas semanas, mi pareja, pero pronto me di cuenta de que él me despertaba mucha reserva. Personalmente, había… A pesar de que me atraía enormemente en lo físico, psíquicamente me producía rechazo. Y hablando con Ana María, me dijo Armando, debes atender a esa repugnancia, a ese rechazo. Tienes que hacerle caso. Era una cosa intuitiva ese rechazo. Entonces, la relación terminó. Terminó de una manera muy abrupta. Esa fue mi última experiencia en una relación de pareja. Yo he tenido tres parejas en mi vida (cuatro, si contabilizo esta última). Con Adán, el primero, tuve como un año. Con Juan Carlos Ledezma, tuve cuatro años. Con Roberto Di Secta, tuve doce años. Y ahora, con Gibelio, tuve unas cuantas semanas. Yo recuerdo que, hablando con Patricia Van Dalen, la artista, yo le comenté que con Juan Carlos había tenido cuatro años de relación. Y me dijo: ¡Armando, cuatro años es un matrimonio! Y le dije: Con Roberto, yo tuve doce años de relación de pareja.

Juan: Patricia es, desde hace años, amiga de mi mamá. Tan amiga, que, cuando yo nací, llevó una obra suya de regalo para la sala de parto. Esa obra sigue colgada en mi cuarto.

Armando: ¡Ah, qué maravilla! Ella tiene una hija que yo quiero mucho. Raquel, quien fue compañera de Adalber.

Juan: Fueron novios.

Armando: Fueron compañeros. Vivieron juntos en Nueva York durante dos o tres años. La relación terminó, pero yo la conocí siendo compañera de Adalber. Acabo de publicar en Facebook un poema de Hacia la noche viva que me gusta mucho y se llama Bautismo de nada. Y lo pongo, en el post, a dialogar con un texto de Simone Weil. Pásame la tabla y los lentes:

BAUTISMO DE NADA

Horizonte compacto, los objetos
me cercan a pérdida de vista.
Cuesta remontar esa frontera
totalmente imantada.
¿Dónde está la grieta, la abertura
imprevista y fugaz como una herida
por donde salir dolientes pero libres
hacia la vastedad insólita?
Curvado hacia mí mismo, autohechizándome,
o encantado por los ojos de Medusa
que levanta el muro de las cosa
(las cosas soberbias y tenaces
en su imposible pátina de paz)
no puedo vivir ritmos, movimientos
y danzas de otras densidades
filtradas de repente en esta luz
dormida del crepúsculo
que arrodilla a la tierra y la desmaya
dejándola porosa, libre al fin
para la materna oscuridad, de la que pido
un poco de su atmósfera ligera,
la liviandad precisa de la nada,
la que borra mi nombre y me bautiza
en los labios de Dios, el innombrable.

«En todo, por encima del objeto particular, cualquiera que éste sea, querer vaciarse, querer el vacío. Porque es un vacío para nosotros ese bien que no podemos representarnos ni definir. Pero se trata de un vacío más pleno que todas las plenitudes. Esa nada no es irreal. Todo lo que existe, comparado con ella, es irreal» (Simone Weil).

Juan: ¿Tú llamarías este poema una experiencia de vacío?

Armando: De búsqueda del vacío. Más que del vacío, de búsqueda del vacío.

Juan: Sí.

Armando: Aunque Simone Weil dice que el vacío no hay que buscarlo. Hay aceptarlo y asumirlo, cuando el vacío adviene.

Juan: ¿Qué es el vacío?

Armando: Simone Weil dice que todo pecado es un intento de colmar el vacío. Y colmamos, de una manera equivocada… Colmar el vacío con la imaginación. La imaginación es la gran colmadora, artificiosa y falsa del vacío. El vacío es la experiencia… Es muy difícil definirlo. Es una cosa que todos sentimos, todos experimentamos. Y Simone Weil dice que todo pecado es un intento de colmar el vacío. Y la manera de colmarlo falsa, artificiosa es con la imaginación, es decir, ¿Por qué rechazamos el vacío? Porque en el vacío se cuela Dios, y la carne tiene miedo de Dios, ¡pavor a Dios! Porque experimentar a Dios es experimentar la muerte. Y a la carne le horroriza esa experiencia de muerte. En el libro del Éxodo, hay un versículo donde Dios le dice a Moisés: El hombre no puede verme sin morir. Entonces, la carne le tiene pavor a Dios. Le tiene pavor al vacío porque en el vacío se cuela la presencia de Dios. Cada vez que sentimos la inclinación del mal, buscamos colmar el vacío a través de la imaginación. Por ejemplo, te pongo este caso concretísimo: ayer, sentía mucha necesidad de desahogarme masturbatoriamente, porque el deseo sexual me estaba apremiando. No masturbarme ayer era una manera de contar, de una manera oblativa, generosa, entregada al amor hacia Dios. Es decir, rechazar la cosificación, la instrumentalización, la objetualización de la imagen mental del cuerpo del otro. Al rechazar esa manera de objetualizar, cosificar e instrumentalizar imaginativamente la imagen mental del cuerpo del otro, yo optaba por el amor de alguna manera. Entonces, ayer, durante toda la tarde, fue una lucha sorda contra esa tentación, y me acordé de lo que dice Simone Weil: Yo estaba buscando llenar un vacío, el vacío. Eso, para ponerte un ejemplo de lo que postula Simone Weil.

Juan: Podríamos decir que el acto sexual, y sobre todo el masturbatorio donde la imaginación toma un rol principal, es una forma de evadir ese vacío…

Armando: Así es. De colmarlo. Una manera falsa de colmar el vacío. Todo se reduce a aceptar el vacío.

Juan: Y es una forma también de temor a Dios.

Armando: Así es. No, si uno colma el vacío de manera falsa, artificiosa, renuncia al contacto con Dios.

Juan: Por lo tanto, al temor y al amor.

Armando: Así es.

Juan: ¿En el Cántico espiritual hay imaginación?

Armando: Claro que sí, pero una imaginación puesta al servicio del amor y del contacto con Dios. El Cántico Espiritual, como el mismo Cantar de los Cantares, es una celebración nupcial de la comunión con el otro. Cuando yo quiero devolverme el sentido cristiano de la sexualidad, leo el Cántico Espiritual. Tengo la grabación de la versión musical de Amancio Prada. ¿Tú la has escuchado?

Juan: Sí.

Armando: ¡Bellísima, pero bellísima! Primero, la voz de Amancio Prada es de una dulzura… Y él compuso esta versión musicalizada del Cántico con guitarra, violoncelo y violín. Amancio Prada es un cantautor gallego que no puedo escuchar sin soltar lágrimas.

Juan: Si ya el Cántico Espiritual es bellísimo, con un cantautor de este talante, es muy conmovedor. ¿Y en la magia?

Armando: ¿Qué?

Juan: ¿Está Dios?

Armando: No. La magia es exactamente el polo opuesto a la experiencia religiosa. La experiencia religiosa es entrega. La magia es poder. Es la búsqueda del poder. Tratar de instrumentalizar la materia para empoderarse. La experiencia religiosa es todo lo contrario: es oblación, entrega. La tentación a la que sucumbieron Adán y Eva fue justamente la tentación de la magia. Lo que dice la serpiente, lo que le dice la serpiente a Eva: Si ustedes prueban este fruto, serán como dioses. Entonces ellos quisieron optar por la imposible omnipotencia. Quisieron darle la espalda a la condición humana y optar por ser algo infinitamente distante de la condición humana, que es la omnipotencia divina. Optaron por la magia. Optaron por el poder, la tentación del poder.

Juan: Eso se evidencia en el Fausto también.

Armando: Así es.

Juan: El poder del Fausto es ese poder.

Armando: Es la búsqueda afanosa del poder.

Juan: Sí. ¿Y la magia zodiacal entraría dentro de esta búsqueda del poder?

Armando: En general, en toda magia está la búsqueda del poder. Pero hay aspectos de la magia que son más benignos que otros. La magia de los magos evangélicos: de Melchor, Gaspar y Baltazar es una magia relativamente benigna.

Juan: En cambio, la magia diabólica es maligna.

Armando: La magia negra, pues.

Juan: ¿El ser humano busca poder por soberbia nada más?

Armando: Tiende a confundir a Dios con el poder. Dios es exactamente lo opuesto al poder: el Dios cristiano, el Dios de Jesús. ¿La encarnación qué es? La revelación del Dios débil, del Dios vulnerable…

Juan: Finito, de carne.

Armando: Lo que Pablo llama la locura de Dios. El Dios crucificado, el dios vulnerable.

Juan: Además, sufriente. Yo pensaba el otro día que el sufrimiento es inconcebible sin la bondad.

Armando: No, estás equivocado. Hay gente que sufre con resentimiento y sufre victimizándose y sufre maldiciendo.

Juan: Sí, por ejemplo, Hitler es un caso de ese sufrimiento resentido. No de victimizarse, pero sin duda Hitler poseía un sufrimiento desde la impotencia, la búsqueda del poder, la soberbia, el racismo, entre otras cosas.

Armando: Porque el que sufre tiene la suprema tentación de hacer sufrir al otro. No resiste sufrir solo, sino busca contagiar, contaminar con su sufrimiento al otro. Esa es una tentación del que sufre.

Juan: Que es muy diferente al sufrimiento de Cristo que buscaba liberar y buscaba hacer amar. Creo que solo me enfocaba, cuando pensaba en eso, en el ejemplo de Cristo, y no tomé en cuenta los demás.

Armando: Cristo hizo del sufrimiento… Cristo no buscó nunca el sufrimiento. Cuando la dinámica de la realidad se lo impuso, lo aceptó y lo asumió como afirmación del amor, es decir, de la vida. Él nunca buscó el sufrimiento por el sufrimiento. Vino Juan el Bautista, que no comía ni bebía, y dijeron: Está endemoniado. Vengo yo, que como y bebo, y dicen: Miren al comilón y al borracho, amigo de pecadores y descreídos. Una vez le preguntaron ¿Por qué tus discípulos no ayunan? Y dijo: No pueden ayunar porque el novio está con ellos. Se veía a sí mismo como el novio anfitrión de un banquete de bodas. La vida de Cristo fue festiva, celebratoria.

Juan: La mayor parte, sí. Toda su juventud.

Armando: No solo su juventud. Durante los tres años de actividad pública. Hay una secuencia en La última tentación de Cristo, esa película de Scorsese, en la que el director presenta a Cristo bailando en una fiesta. Y yo siempre me quedé pensando: Esto tuvo que ser un dato histórico. Cristo seguramente bailó, no una, sino muchas veces.

Juan: Claro, es que pensando en la figura de Cristo, que es Dios, es imposible que él no celebrara.

Armando: Pero esa no es la imagen que se nos ha presentado de Cristo.

Juan: Yo creo que es por la Contrarreforma, porque precisamente el momento de colonización de América Latina fue el de la Contrarreforma, y toda la evangelización de la Contrarreforma ponía a un Cristo sufriente.

Armando: Así es. Eso, en los versos de Antonio Machado: Yo no quiero creer ni creo en el Cristo en el madero, sino el que anduvo en el mar, el que caminó sobre el mar. Porque hemos tenido la obsesión del Cristo doliente. Pero eso es una tergiversación de la verdad histórica. Bueno, lo dejamos hasta aquí Juancito.

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