Crónicas del Olvido: “DE PARTE DE LAS COSAS”, DE FRANCIS PONGE. Por Alberto Hernández

1.-
Las cosas hablan, los objetos sienten y asienten. Pronuncian sus nombres con nuestra boca. Hablan como siempre han hablado las piedras. Las piedras, los objetos, contemplativos, budistas en su conducta. Añadidos a la mirada humana, las cosas se nombran desde nuestros labios. Y los objetos, los hechos, moldeados o fabricados por el hombre, se dejan bautizar desde la utilidad de sus proyectos, porque cada objeto asimila la mano que lo conduce o es la misma mano el objeto que lo apremia.
Una cosa no es cualquier cosa. Una cosa –más allá de aquella tentación de ser cosificada- se arriesga a ser obviada, rechazada, vista con malos ojos o ignorada. Cada cosa en su lugar, dice el viejo adagio. Y el lugar de la cosa ocupa el sentido que contenga su anatomía: el ojo mira las cosas para detallarlas. El oído escucha sus temblores. La lengua saborea su silencio. El tacto sabe de la temperatura que las hace sufrir o disfrutar de ellas como paisaje. El pensamiento provee de significado el poder silencioso de las cosas. Mientras tanto, los objetos, artificios, se pavonean frente a ellas y generalmente pierden su sentido. Una piedra se deleita de su vigor frente a una taza de la más fina porcelana. El viento, que podría ser sentido como cosa, nunca deja de ser viento, mientras un zapato pierde los tacones y abandona la costumbre de caminar.
Pero cosas y objetos se dejan sentir iguales por ser almas creadas desde ellas o imaginadas por quien las siente o los crea. Tiempo y espacio son también mellizos. Lugar y tiempo se tropiezan con las cosas y se hacen cuerpo para contenerlas. ¿Cuánto dura una gota de agua en el ojo entreabierto? ¿Cuánto la respiración de una roca frente a una rana?
Hablan tanto las cosas y los objetos que son merecedores de biografías. Tipos de cosas. Tipos de objetos. El animal que piensa, o que dice pensar, vive rodeado de nombres y apellidos. De cosas que se dan el lujo de ser premiadas por Natura o de ser invento de quien Natura lo permite por ser el “homo faber” también Natura, aunque luche contra ella y quiera gobernarla.

2.-
“De parte de las cosas” (“Le Parti pris des choses”), de Francis Ponge, con traducción del poeta venezolano Alfredo Silva Estrada, volumen editado por Monte Ávila Editores, en 1996, también se traduce como un recado que las cosas nos traen desde su silencio, desde su presencia o mención producida por el pensamiento. Queda pensar, si es que las cosas no lo hacen también, que ellas, las cosas, siempre han sido portadoras de mensajes, de símbolos y signos que son capaces de cambiar la vida de los humanos y de la misma naturaleza.
¿Qué nos dice la piedra, qué nos comenta sino su energía, su manera de no ser desde nuestro ser? Ponge (1899-1988), quien era poeta y se negaba a que lo calificaran de tal, dejó una importante obra que sigue dando de qué hablar. Poco conocido resalta con este libro que Silva Estrada nos ha traído con una traducción que ha ameritado de su parte un ensayo al final del volumen.
El poeta venezolano, nuestro traductor, señala: “Este regreso a las cosas, y a las cosas más simples –para comenzar, precisamente, por el comienzo- (“una piedra, una hierba, el fuego, un pedazo de madera, un pedazo de carne”), esta suerte de fenomenología poética implica una ascesis, un poner entre paréntesis, al menos provisionalmente, al contemplador y a sus semejantes”.
Estas líneas sintetizan todo el contenido del libro de Ponge. Las cosas se piensan desde ellas mismas sin necesidad de saber que lo hacen. La filosofía de las cosas radica en el hecho de que conmueven mientras más sabemos de su mutismo.

3.-
Del lenguaje de las cosas, su silencio, su pasmo ante nosotros, los que decimos pensar y decir. De las cosas que guardan sus palabras, las nuestras para nombrarlas. He aquí un trozo de esta apuesta de Ponge:

“EL GUIJARRO:
El guijarro es no es una cosa fácil de definir bien.
Si uno se contenta con una simple descripción, puede decir, en primer término, que es una forma o un estado de la piedra entre el peñasco y la guija.
Pero esta afirmación implica ya de la piedra una noción que debe ser justificada. Que no se me reproche en esta materia remontarme aún más lejos que el diluvio (…) Todas las rocas han salido por escisiparidad de un mismo abuelo enorme. De este cuerpo fabuloso uno puede decir tan sólo una cosa, a saber, que fuera de los limbos no se ha sostenido de pie…”
El autor humaniza la piedra. Le endosa una genética, un origen. Y desde ese silencio se advierte que podría hablar con el poeta. Y así, carácter sagrado:
“Los más grandes fragmentos, losas poco más o menos invisibles bajo las vegetaciones entrelazadas que se agarran a ellas tanto por religión como por otros motivos, constituyen la osamenta del globo”.

Es decir, las piedras son la anatomía de la tierra. Y desde su fisiología, desde su comportamiento, desde las distintas formas que tienen, hablan, dicen en silencio lo que a gritos dicen el hombre o las bestias.

4.-
Escribe Ponge:

“TESTIMONIO:
Un cuerpo, del cual ignoro poco más o menos todo, ha sido dado a luz y mantenido durante treinta y cinco años, presente sin cesar en ´desear´ un pensamiento que sería mi deber llevar a la claridad.
Así, al espesor de las cosas sólo se opone una ´exigencia´ del espíritu, la cual vuelve cada día más costosas las palabras y más urgente su necesidad.
No importa. La actividad que de ahí resulta es la única donde se ponen en juego todas las cualidades de esa construcción prodigiosa, la persona, desde donde todo ha sido vuelto a poner en tela de juicio y que parece tener tanta dificultad para aceptar francamente su existencia”.
Que un poeta, que un ser humano cuya sensibilidad vaya más allá de las palabras, de sus significados implícitos, hable y se haga parte del conocimiento de las cosas, dice mucho de su presencia en el mundo.
Una cosa permanece en un sitio. No mueve un párpado. Ningún músculo de su cerámica, hierro o barro posibilitan la idea de que se traslade de un sitio a otro, pero la poesía puede hacerlo. La imaginación es parte las cosas. Está en las cosas, llegan a ser las cosas.
El niño que ve la cosa la humaniza. El niño que se hace adulto con la cosa humanizada es un ser humano con la cosa y es la cosa. Existe una comunidad de saberes que comparte la cosa con el niño/adulto. Y así la poesía.

5.-
“Acerca de la traducción” de esta obra, Silva Estrada afirma:

“ACERCA DE LA DIFICULTAD GLOBAL Y PLURAL:
Traducir poesía es realizar, cuando no un mero acto fallido, un acto de equilibrio inestable (imposible) entre dos imposibles: literalidad y fiel correspondencia, tensas y en vilo por apego y respeto al teto original.
Pero de esta relación, de esta tensión entre dos términos ideales no resulta un tercer imposible sino un segundo cuerpo cuya realidad tiene sentido por aproximación a ese primer cuerpo irremplazable que es el original mismo…

EL TÍTULO:
“De parte de las cosas”. El título en español aspira a ´sonar´ con cierta ambigüedad: toamos el partido de las cosas, estamos de parte de ellas y, a la vez, lo que se dice en estos textos es lo que viene de las cosas, de parte de ellas, desde su propio punto de vista…”
Y sigue el largo material donde el poeta/traductor venezolano hace gala de sabiduría y conocimiento sobre la labor del “traslador”, del traductor, de ese sujeto que nos regala la versión suya en el idioma que hablamos desde el idioma que él conoce y es ajeno a su propia costumbre natal. Es el idioma del otro.

6.-
Entonces las cosas nos traen sus noticias, sus nuevas, desde el silencio que la acoge. Son recaderas, son como palomas mensajeras que vuelan hacia nosotros desde un destino misterioso, lejano y cercano a la vez.

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