La tensa historia de Let it be, el final de The Beatles

Publicado el 8 de mayo de 1970, lejos del sonido desnudo y sin artificios que el grupo buscaba en un comienzo, Let it be contó con la producción de Phil Spector y un legendario concierto en la azotea de Apple Corps como antecedente. McCartney, quien intentó oponerse a la salida del álbum, dejó el grupo un mes antes de su publicación. Era el fin de los Beatles.

Si escuchas Let it be de The Beatles sin saber nada de sus antecedentes, podrías pensar que es un disco relajado y afectuoso, una especie de regreso al rock & roll informal del grupo, luego de los arreglos arquitectónicos y la pirotecnia estilística de los últimos álbumes. Lejos de eso, fue el proyecto que los destruyó, y el último álbum que editaron.

La historia comienza luego de las grabaciones del Álbum blanco de mediados de 1968, cuando la cohesión de The Beatles se ve amenazada. John no se separa de Yoko Ono y se sumerge en las drogas duras: “En esa época ya estaba con Yoko, así que todo me chupaba un huevo. También estaba drogado todo el tiempo. Con heroína, por ejemplo”, le cuenta a Jann S. Wenner en una entrevista de Rolling Stone. Mientras George Harrison se dedica a la producción de artistas en Apple Records y Ringo Starr piensa en sus proyectos cinematográficos, solo Paul McCartney se esfuerza por mantener a toda costa la unidad del grupo y, de hecho, toma verdaderamente las riendas del poder.

McCartney propone realizar una gira y volver a encontrarse en el escenario para reforzar los lazos de unión del grupo, pero John y George se oponen. Se halla una solución intermedia: hacer un programa de televisión de una hora delante de un público. Se deciden en primer lugar por el Roundhouse Theatre, al norte de Londres, y contratan al director Michael Lindsay-Hogg. Este les sugiere un proyecto más ambicioso: tocar en un anfiteatro romano.

Deciden, finalmente, recalar entre el 2 y el 17 de enero de 1969, en los fríos estudios Twickenham, en Middlesex, donde habían rodado A hard day’s night y Help!, con la idea de alejarse del sonido híper pulido de los estudios Abbey Road de EMI.

El proyecto, llamado en un comienzo Get back, está bien definido: quieren grabar un nuevo disco en condiciones de directo, sin ninguna de las técnicas habituales de estudio —sin efectos ni overdubs—. En dos palabras: una música “sin trucos”, según los deseos de Lennon. Contratan a Glyn Johns como ingeniero de sonido, célebre por haber trabajado ya con los Stones y que añadirá a su palmarés otros grupos importantes como The Who, The Kinks o The Small Faces.

El invento de Magic Alex

Instalados en Twickenham, las cámaras filman los ensayos y los procesos de grabación de la mañana a la noche. Lennon contó en The Beatles anthology: “Era realmente atroz que te estuvieran filmando sin cesar. Yo quería que el equipo de rodaje se fuera. Había que estar allí a las ocho de la mañana… y no se puede hacer música a las ocho de la mañana”.

El ambiente volvía a estar cargado de electricidad y los Beatles, sometidos a gran presión. De hecho se produjo en directo, ante las cámaras, un célebre altercado entre Paul y George, cuando este último no soportó que Paul le dijera cómo tenía que tocar la guitarra. George se fue del grupo, como había hecho Ringo durante la grabación del Álbum blanco. Sus camaradas irán a buscarlo, pero George impuso sus condiciones, no más programas de televisión ni más conciertos.

The Beatles en el estudio.

Tras dos semanas de ensayos en Twickenham, los Beatles deciden proseguir con el proyecto en la sede de Apple, en el número 3 de Savile Row. Buscaban más comodidad y calor. En julio de 1968, habían confiado a su amigo Alexis Mardas, el mítico Magic Alex, la tarea de construir un estudio en el sótano de Apple. Inventor mediocre y genial usurpador, Alex les había dado a entender que prepararía el estudio más revolucionario de la época, proponiéndoles un magnetófono de 72 pistas en lugar del de 8 pistas al uso. Todos se dejaron convencer, y John, el primero. Pero cuando llegaron a las instalaciones el 20 de enero, descubrieron, estupefactos, que no funcionaba nada y que Mardas era un impostor.

“Mi primera misión oficial fue efectuar una evaluación formal del estudio de Alex”, cuenta el ingeniero en sonido Geoff Emerick en su libro El sonido de los Beatles: memorias de su ingeniero de grabación, “no tardé mucho. Sabía por las visitas que había hecho en los meses anteriores que lo que había montado allí era totalmente inútil (…) no había nada que mereciera la pena salvar”.

Como solución, Martin hizo llegar con urgencia dos mesas y un 8 pistas 3M de Abbey Road y las grabaciones comenzaron el 22 de enero. Ese mismo día, George contrata a Billy Preston, fabuloso pianista y antiguo compañero de Hamburgo. El ambiente se anima a partir de ese momento y, al ser cinco, recuperan su cohesión.

El último concierto

A raíz de una idea de John, según Preston, The Beatles decidieron dar un único concierto en la azotea del edificio de Apple, el 30 de enero. Hábiles para sorprender con contundencia, crearon sensación en el barrio: los transeúntes se aglutinaban en la calle a mirar. La policía intervino e interrumpió la actuación. Pero los Beatles habían tenido tiempo de grabar cinco canciones: este iba a ser, desafortunadamente, el último concierto de su carrera.

Glyn Johns editó noventa horas de grabación para crear el álbum Get back, con un sonido muy desnudo, sin artificios, de acuerdo con los deseos iniciales. A Paul le gustó, pero a sus camaradas no.

Los instrumentos hicieron que el sonido resultara novedoso en el disco: Harrison prueba el prototipo de una extraordinaria Rosewood Telecaster de Fender en madera de palosanto, Lennon se sirve de un lapsteel Hofner Hawaiian Standard para tocar en el estilo slide, por ejemplo, de un tema como “For you blue”, McCartney usa un piano de cola Blüthner y Ringo Starr cambia su batería por una Ludwig Hollywood con acabado de arce. Por último, hace su aparición un piano eléctrico Fender Rhodes.

“El desastroso proyecto de los Beatles Let it be había sido archivado, después de que el grupo rechazara las mezclas hechas por Glyn Johns. No tenía idea de cuáles eran sus planes futuros, pero sabía que habían estado haciendo algunas sesiones esporádicas en Trident y en Abbey Road”, cuenta Emerick en sus memorias.

Las cintas estuvieron guardadas varios meses antes de ser confiadas (por consejo de Allen Klein, nuevo mánager del grupo desde el 3 de febrero de 1969) a Phil Spector, el artífice del “wall of sound” (el famoso “muro de sonido”), para que las volviera a trabajar. Pero Spector cometió a los oídos de Paul, un crimen de lesa majestad al añadir arreglos de estilo demasiado varieté en canciones como “Let it be” o “The long and winding road”.

Según un reportaje de Rolling Stone, “McCartney se puso furioso cuando escuchó lo que les habían hecho a algunas canciones suyas, especialmente a ‘The long and winding road’ (‘No se les ocurra volver a hacerlo’, le escribió en una carta a Allen Klein, director de Apple Corps), y el enojo le duró décadas”.

Let it be era el disco pelado que Glyn Johns había mezclado, sin añadir orquestas ni nada. Era muy, muy sencillo”, dice McCartney en Anthology.

En las sesiones de mezcla el único beatles que estuvo presente fue Ringo Starr. Además asistió a una de ellas el antiguo ingeniero del grupo Geoff Emerick, quien en su libro El sonido de los Beatles relata el modo de trabajo del productor: “Me di cuenta horrorizado de que Spector había reducido la interpretación de los Beatles a una o dos pistas para poder tener cinco o seis pistas libres para los overdubs de orquesta y coros, como si esos fueran más importantes que el grupo. En cierto momento quiso todavía más pistas. Cuando Pete (Bown, asistente) le dijo que no quedaba ninguna libre, Spector tuvo la desfachatez de borrar una de las voces de Paul (eliminándola para siempre) para liberar otra pista para uno de sus muchos overdubs de coros”.

De esta manera se concibió Let it be, el último disco de los Beatles en publicarse, pero penúltimo en grabarse.

“La versión definitiva de Spector de Let it be era una mentira brillante: una experiencia horrible maquillada de felicidad, un disco en vivo que solo era tolerable gracias a las numerosas manipulaciones, un popurrí de ocurrencias ingeniosas y actuaciones relajadas agrupadas de manera que los Beatles parezcan versiones más maduras y emotivas de los bromitas de los que el mundo entero se había enamorado años atrás, en A hard day’s night. Como disco, era mejor artísticamente de lo que habría sido un verdadero registro documental. El problema era que no terminaba de ser un disco de los Beatles”, calificó Rolling Stone.

McCartney se opuso a la publicación, pero fue en vano. El 10 de abril de 1970, Paul anunció públicamente que abandonaba el grupo. Era el fin de los Beatles.

Una semana después, el hombre de “Yesterday” editaba su primer disco solista (contra los deseos de sus ex compañeros de banda). Y al mes siguiente salía al mercado Let it be, que fue número uno en todo el mundo.

Pero la historia del disco no termina ese día, porque la versión original concebida sin artificios ni arreglos externos, volvió a comercializarse en 2003 bajo el nombre de Let it be… naked con el orden y la simpleza planeados por Paul McCartney.

 

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