Selección de poemas de Luis Zozaya [+vídeo]

Luis Zozaya. Estudiante de diseño gráfico en la Universidad del Zulia. Realizó el Taller para Jóvenes Poetas impartido por Luis Perozo Cervantes. Participó en el 6to Festival de Poesía de Maracaibo. Ilustró el poemario infantil “Más feliz que una lombriz” de Carlos Ildemar Pérez.


QUÉ VA A SABER UN NIÑO?

Qué va a saber un niño
que nunca se manchó las manos
que lo único que hizo
fue conformarse con los papelitos
que le regalaban
y cuando no le gustaban
solo escupía otro libro
o se retorcía en la arena para que
lo aceptaran en el famoso club de los crustáceos

qué va a saber un niño
que lo único que hizo fue dormir a pierna suelta
para que se le pasara la embriaguez
de las letras chiquitas
que nunca conoció una trinitaria
nada más de oídas
y no pudo llegar hasta el respiro vital
que muere en la flor abierta

qué va a saber un niño
que nunca soportó las vejaciones del tiempo
porque decía que le hacían mal al estómago
que nunca vio un pájaro
y prefirió encerrarse en su cárcel
de hojas muertas
a hacer volcancitos con arcilla

qué va a saber un niño
nada puede saber un niño
que desde que nació se hizo amigo de los insectos
y nunca predicó la usura.


EL SUEÑO

Reunámonos en torno a Yadwigha
musa de nuestra aduanero
y como tal debe ser respetada

depositaria de la ingenuidad
diosa que ha posado sin quererlo
en esta selva
que conoce los parajes locos
a los que conducen el arte y el amor.

dime si has visto
la mano de quien te ama
a través de los ojos del tigre

dime si has escuchado las flautas
del encantador de serpientes
naufragar en los nenúfares

dueña y señora de los sueños y las florecitas oblongas

a ti que goteas espíritu silvestre
que cierras el paso a los exploradores
desde tu cómodo sofá de terciopelo rojo

que cuando despertaste de tu sueño
ya estabas duplicada
y te encontraste de cara al león
como la gitana

A ti cuya belleza rivaliza
a la del lirio en honestidad
en pura honestidad
y en nada más que honestidad

te pedimos que nos cuentes la
historia del pájaro con las alas de sol
que llames a la luna de nuevo
para verte refulgir bajo
su manto ceniciento
que tengáis piedad de nosotros
los mortales que acudimos a tu llamado
impelidos por el sonido de una chirimía

ojalá, Yadwigha
y hubiera en el mundo
otro pintor lo suficientemente
ingenuo para adueñarse del vestigio
de tus labios
como lo hizo el aduanero.


ARREPENTIMIENTO 999

¿por qué permití que muriera mi tortuga?
si a pesar de la lentitud aún servía para dar recados
si a pesar del silencio y la inexpresividad
nos amábamos locamente
la amaba locamente
pero no como el hombre ama a la mujer
ni como la mujer ama al hombre
ni como el hombre ama al hombre
ni como la mujer ama a la mujer
ni como el padre ama al hijo
ni como el hijo ama al padre
ni como el enfermo ama su medicina
ni como la medicina ama o no ama a su enfermo.
sino como la criatura ama a la criatura
porque nacieron sobre la misma
columna ígnea de basalto.


HAY DÍAS DE GALLARDÍA

Hay días de gallardía, de bizarría
son pocos, pero son
días de inmensidad, de ancho respirar
de pisar con bota grande
de arrimarse al camisón
de amor desteñido pero vigente.

Días de canto inusitado
de superlativa marcha
días de gran verbo
en aras del choque.

hay días de gallardía
¡sí que los hay!
sobre todo cuando pesa tanto el aspaviento
y el péndulo se ha extenuado
de girar sobre sí mismo.

Cuando pesa tanto el bufido agreste
cuando llega a doler tanto
la flecha clavada en la costilla

¡Sí que los hay!


CÁNDIL

Si tus manos no se parecieran al candil lejano
no tendría que ver pasar los días
a trave de un ojo prestado

si tu lecho matinal,
no estuviera recién masticado
por el caldo lívido que emanas al exhalar
no tuviera que beber el agua
directo de la boca del reptil

No me asustes con la sombra de tu nudillo
ni con el beso árido y callado
que duerme junto a tu almohada

pues los que un día
se te escaparon
obviamente sin tú quererlo
los guardé todos bajo las trinitarias.


¿EN QUIÉN TE CONVIERTES CUANDO HABLAS, CUANDO PIENSAS?

¿En quién te conviertes cuando hablas
cuando piensas?
En ponzoña cuando atestiguas
en rima ensombrecida
por culpa de la uretra
por culpa de la mano viva
gajos de archipiélago se te van desprendiendo

Te has convertido en pelo maltrecho
ahora que no visto de millonario
y la tinta se va pareciendo más bien al agua
al latigazo en la mano de un amigo
al deseo huérfano de una pierna irrefrenable
me han hablado sin quererlo, claro está
ni mi nombre
ni mi gracia
irán a ninguna parte.


QUISIERON AYUDARME

A mi me quisieron ayudar
una vez bien recuerdo
en realidad varias veces
¡muchas veces! ahora que recuerdo

se ofrecieron a ponerme la camisa
que tan bien me quedaba
y hacíame lucir menos desagradable
a la vista y al tacto de la una
me acicalaron el pelo casposo
casposo hasta el talón
y maloliente hasta el último lunar
y me dijeron ¡mírese!
y ahí sigo
mirándome en el cristal cabizbajo
del espejo

Quisieron ayudarme
una vez bien recuerdo
una noche sin luna
de nube sustituta, recuerdo

me preguntaron si nunca había conocido casa
para guardar tanto pincel desparramado
y yo escuetamente respondí que no
nunca que no
siempre que no

quisieron desvestirme en una querella
y por ser tan necio
me quedé salvaje
apenas animalizado
callado frente al computador

nunca me ha faltado quien me hable
de flores ni de ocasiones que no conozco
nunca me ha faltado quien se amilane
en mi desventura
ni quien beba el vino por mí
después de todo soy sobrio por costumbre

a mí me quisieron ayudar una vez, bien recuerdo
en realidad varias veces
¡muchas veces! ahora que recuerdo.


DESPREOCUPADO

Qué importa que el amor de mi vida
no se acuerde de mi apellido
si para mañana ya tendré otro
y pasado mañana otro, y así sucesivamente
hasta llamarme “Picasso, Pintor de Málaga”

Qué importa que el amor de mi vida
no se acuerde de mi apellido
si cuando las mujeres se enamoran
se les olvida todo
o al menos eso decía mi padre
y a decir verdad el tampoco
tenía muy buena memoria que digamos

No importa en lo absoluto
mientras yo siempre
pueda recordar el suyo
lo suficiente como para encuadernarlo
o guardarlo en mi cartera dobladito
como se guarda la foto de un santo
y así mostrárselo a la gente en la calle
cuando me pregunten ¿y usted qué hace?
¿de qué trabaja?
“Recuerdo apellidos” diré con mi cara
de yo no fui

No importa que el amor de mi vida
no se acuerde de mi apellido
porque cuando se harte
de mi parsimonia de anfibio
de mi insondable terquedad
y de mi mayúscula lentitud para amar y ser amado
de seguro se acordará del bendito apellido.


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