Selección de poemas de Davo Valdés

AUTOR Agencia Literaria

Davo Valdés de la Campa. Cuernavaca, Morelos (México, 1988)
Escritor y crítico de cine. Ha sido Beneficiario del Programa de Estímulos para el desarrollo y la creación artística en 2009, 2011 y 2017 en las áreas de cuento, novela y poesía. A finales de 2011 fue ganador de la convocatoria para publicación de obra inédita del Fondo Editorial del Instituto de Cultura de Morelos con su libro, Ignoto. También ha publicado Relatos de un mundo depravado (EdicioZetina, 2009), Despertar (Astrolabio, 2014) y El silencio de los hipopótamos (Lengua de Diablo-Acálasletras, 2016). En 2015 fue ganador del Segundo Concurso de Crítica Cinematográfica, convocado por la Cineteca Nacional y la Embajada de Francia. En 2015 participó en el programa Talents Critiques en la Semana de la Crítica del Festival Internacional de Cine en Cannes y en 2017 en el Berlin Talents del Festival Internacional de Cine de Guadalajara. En 2016 fue invitado a Portugal como parte de los festejos de la Semana México Joven en Braga, capital iberoamericana de las juventudes. Actualmente dirige junto a Amaury Colmenares y Fabiola Valdés el proyecto Ruina Tropical. Textos tuyos se han traducido al inglés, al nahuatl y al portugués.


I

Nos conformamos con tan poco,
y exigimos tanto para nosotros,
lo queremos todo,
completamente, en todos los sentidos,
queremos absorberlo, agotarnos,
agotar las palabras, escarbar su materia,
hacerlas huecas.
Con tan poco nos endurecemos,
y cedemos tanto de nuestro cuerpo,
nos extendemos, aligeramos la carga,
nos doblegamos, lo hacemos durante un tiempo,
y con tan poco nos replegamos,
sucede en cierta forma,
y no sabemos estar satisfechos,
el hambre se prolonga, se oculta,
se aglutina en el fondo de la carne,
acumulamos, miramos a otro lado
y permitimos que nos devore,
gozamos y volteamos los ojos: dentro,
cielo primitivo, hirsuta noche.
El cuerpo sana
y lo azotamos, se sumerge,
tiembla, agoniza;
se engaña a sí mismo y nos retorcemos,
debajo de nosotros mismos, a través.

Preguntamos con la mirada,
queremos sostenernos,
nos aferramos con tanta fuerza,
incluso nos mentimos,
nos regodeamos en las migajas doradas,
porque el instante es un golpe certero,
y de pronto todo está claro,
porque nos acostumbramos,
el mismo cuerpo replegándose,
el mismo cuerpo cediendo territorio,
de manera constante,
y nos rompemos eventualmente,
nos agotamos, todos, cuerpos,
reconocibles, cadáveres,
cuerpos con memoria,
cuerpos idénticos en ritmo,
ajenos también,
desconocidos y cerrados
como ventanas de niebla,
sendero y polvareda.

No podemos volver,
somos testigos,
miramos desde la memoria,
lo recordamos con tanta aprensión
y después lo soltamos,
y nos arrojamos a la rueda,
giramos hacia el vacío,
dando tanto de nosotros,
recibiendo tan poco,
luchamos con desidia,
en la superficie de las cosas,
ofrendamos una miseria,
recibimos más de lo que merecemos,
lo tomamos, lo recorremos por el cuerpo,
nos ungimos con un baño de aceite,
el cuerpo lo recibe, nos alimentamos,
con la leche del paraíso,
el éter dorado en el paladar,
hasta estar solos de nuevo,
plegados en superficies heladas,
los dedos endurecidos,
el rostro distinto,
como estatuas,
cuerpo que se deforma,
por la cercanía y la catástrofe,
se rompe el molde,
y exigimos distancia.

Lejos, ahora, los cuerpos,
piensan y se añoran,
tanto que se confunden,
y nada cambia,
intentamos fracasar,
nos castigamos
decimos quiero esto:
y el cuerpo habla,
nos detenemos y decimos
quiero, amo, lloro,
pero sólo está el silencio de la mañana,
la traición de nuestros actos cotidianos,
triste cuerpo nuestro que no puede seguir,
seguimos a pesar, cada quién,
nos atraviesa el frío y entendemos,
finalmente,
todos los cuerpos
se recuestan placidos con el recuerdo,
se extirpan la enfermedad,
y sólo persiste lo simple.
Juntos o con los miembros ampuntados,
mudos o repletos de palabras y vapor
de contornos delineados,
frases obvias que trascienden,
limpios o sucios de la inmesidad del amor,
de una u otra forma
hablamos solos,
alzamos las manos para sostener el vacío,
abrimos la puerta y la floresta tibia,
la obstianción de la infancia,
el anhelo de palabras a borbotones,
todo palpita en el centro,
y jadeamos acostumbrados al impulso
incomprensible lenguaje
de nosotros mismos, a través,
con tan poco.


II

La hija de mi amigo tiene un novio,
los observo a veces y pienso en una escena de La Grande Belleza.
El amigo de Jep Gambardella le dice que mire a dos jóvenes:
novios de verano.
No puede estarse quietos, dice, llevan diez días besándonse sin parar.
Ellos hacen lo mismo. Se abrazan, caminan de la mano.
Los veo y siento envidia.
Recuerdo cuando el amor era sencillo
como la unión de dos partículas que decían que sí.
Sólo bastaba mirar otro cuerpo, sonreír, hablar de trivialidades,
decir que sí.
Eran años sencillos porque el amor era transparente.
En cambio ahora abro los ojos y el paisaje me rompe,
se me desbarata el cuerpo,
tratando de recordar todos los cuerpos que me han tocado,
quiero guardarlos todos, que se queden quietos en el
fondo del corazón, quiero darles un lugar cálido,
pero a veces olvido sus rostros,
las cosas que prometimos,
la mirada se me pierde,
todo lo que veo habla de mi tristeza,
el horizonte con su delgada línea de fulgor,
y la curva que dibuja el sol detrás del cerro.
Me siento en la cama, me duelen las articulaciones,
sólo hablo con la puerta cerrada,
el techo y las figuras que invento,
como una constelación de pintura vieja y cemento,
hablo con los libros revueltos,
con las fotografías ocultas,
los juguetes de Hora de Aventura.

Pienso que amor y verdad no son dos cosas que se tocan,
son líneas paralelas que viajan, sin tocarse,
apenas rosándonos:
Sospechamos de su existencia, presentimos
y les damos un nombre,
pero sólo como el vaho de la ventana, como la caricia en el borde de la piel,
como la estática en la habitación.
No pueden ser porque quisiera decirte
que aunque te amo hoy, no olvidaré nunca la voz de otra mujer,
que estoy lleno de fantasmas,
que recuerdo otras manos que trazaron este mapa,
quisiera que tú confesaras que piensas todo el tiempo
en la cosas que abandonaste para estar conmigo,
y en todas las cosas que estarán esperándote cuando me equivoque.

Por eso hablamos del pasado,
tú y yo, tendidos en la cama.
Mientras decimos palabras sin sentido
y nos acariciamos con tanta ternura,
también es verdad que pienso que me aburres
y también sé que te largarás de aquí en cuanto puedas,
mientras tanto vivimos en esta mentira placentera,
y es necesario decir las palabras: “te amo como nunca he amado”,

Quizá veamos la imagen completa,
cuando el deseo se agote.
Amar es buscar la destrucción.


III

Pero también es verdad que
sólo el amor importa,
porque nos destruye,
porque no describe armonía
con su caída,
ni resuelve la existencia,
ni concede la paz,
pero es que en el amor
están todas las empresas,
que el cuerpo puede atravesar,
como la sensación de calor y el frío
de las albercas a medio día;
y en esa frontera de remolino,
en el trayecto de frustración,
y soledad, de furia,
de los celos, la posesión de los cuerpos,
de arrastrarse en la cama,
simultáneos en dos partes distintas del mundo,
en la frontera del horror y la lejanía,
en la ilusión de volverse nudo
y salvación,
en la frontera de ese pulso único,
rítmico como la canción más pura y bella,
en ese instante desamparado,
ajeno del mandato del tiempo
que el amor es un paisaje en sí mismo,
que vale la pena habitar,
aunque sea inestable,
como el chispazo que
desencadenó el Universo,
como su doble parto de luz.

La aventura del cuerpo,
el cuerpo que tiembla
y se retuerce con hambre
e insomio, y busca consuelo,
porque necesita
sobre todas las cosas,
necesita y no sabe estarse,
porque se aferra, con tanto dolor,
con tanta impaciencia,
y después
entumidos los dedos al borde del otro cuerpo,
electrizados con el aroma del sexo,
llega la estocada de unos ojos ámbar
que recubren el corazón de ternura,
y recobramos el lenguaje,
y con cuánta tristeza nos resignamos
a buscar una y otra vez,
triste amor,
triste catedral,
animal desnudo,
tonto amor mío,
amor
escucha mi pecho,
si es un pájaro descompuesto,
si es la sangre al punto de ceniza,
si son los bosques, todos los bosques en un solo árbol,
si es la pieza musical que mis dedos no compusieron,
si eres todo para mí justo ahora,
justo ahora que siento que pierdo el mundo para siempre,
justo ahora que soy un niño en medio del patio viendo el sol,
justo ahora que tu pierna se entrelaza con la mía,
y todas las moléculas dicen que sí:
si es la sombra de todos los cuerpos que conforman este mapa,
si es la voz de los ángeles viejos y el grito de las estrellas moribundas,
si es un sistema de montañas en cada uno de tus lunares,
si es un cangrejo,
si es una bandada de pájaros volviendo a los árboles,
si te mentí, si tuve miedo, si soy otra persona, si he deseado,
si a todas tus preguntas,
si sé que no voy a salvarte,
si busco que no se acabe la noche,
si creo que es verdad lo que digo,
si creo en la ternura del alma,
si creo que la suma de nuestros errores deben ser amados,
si amo tus ojos y tus manos,
la simpleza de este encuentro improbable,
si es de madrugada
si me siento solo
y si eres infinita.

 

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