INCURSIONES DE LINGÜÍSTICA ZULIANA (Una contribución para su historia). Por Alberto Hernández

AUTOR Agencia Literaria

1.-
Uno, el venezolano de cualquier región del país, se sabe zuliano cuando imita el acento de quienes nacieron y se criaron en aquella caliente tierra que cuenta con el lago más grande del mapa nacional.
Pero no es fácil ser zuliano desde la lengua que ellos hablan. Por un lado por el carácter de su ánimo. Y por otro porque todo acento tiene, guarda, secretos, maneras de silabear, de “cadenciar” la fabla, de morder las palabras y hasta de soplarlas con esa reverberación tropical propia de los “maracuchos” (expresión que arropa a todos los de allá aunque no hayan nacido en la capital del Estado). Igual pasa con los andinos, con los llaneros o con los margariteños.
Cuando hablo del carácter de su ánimo, me refiero a esa irreverente certeza de encarar el léxico. De hacerlo vivo, duro a veces, frontal. El español que se habla en el Zulia siempre ve de frente, no se desvía. Y con la mirada enfatiza lo que los labios pronuncian.
Pero bueno, esta es una apreciación muy personal que no tiene nada que ver con lo que más adelante trataremos.
Los nacidos en el centro del país tienen una cierta neutralidad en el acento, hasta en la forma de armar las oraciones. No los hace peculiares.
Pero los zulianos, de allí que tenga tantos afiliados al estudio de esa manera de decir, de hablar, de pronunciar la lengua que a diario usan. Y entre ellos está Francisco Javier Pérez, quien fuera la cabeza visible de la Academia de la Lengua en Venezuela y ahora es el secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española, y quien publicara, a través de la Universidad Católica Cecilio Acosta de Maracaibo, año 2000, el título “Incursiones de lingüística zuliana”, en la colección El nombre secreto, dirigida por el también escritor Miguel Ángel Campos.

2.-
El libro, escrito por un especialista, recorre un buen trecho la formación de la lingüística de la zona. Se adentra en el estudio de las Lenguas indígenas zulianas a través de un extraviado texto lexicográfico, en el que juega papel relevante la figura de Fermín Toro a través de su “Diccionario Guajiro”. En este sentido, Pérez promueve la reconstrucción y significado de esa obra.
En otro capítulo nuestro autor trabaja el “Español zuliano, y destaca los estudios sobre José Domingo Medrano, en tal sentido: “Medrano y la fundación de la lexicografía regional”, “El aporte lingüístico” y hace “Una reseña de las “Apuntaciones” de ese autor. Repasa las claves históricas para su estudio.
La última parte del libro destaca el “Aporte de Rafael María Baralt a la lexicografía histórica del siglo XIX”, así como una tesis sobre “Lingüística en “El Zulia Ilustrado”, “El pensamiento de José María Portillo” y un “Ensayo sobre Iraset Páez Urdaneta”.

3.-
¿Por qué es importante este estudio de Francisco Javier Pérez? ¿Incide la lengua y su estudio en el comportamiento de los pueblos?
En la introducción, nuestro autor afirma: “Una revisión del proceso de la historia de la lingüística venezolana llevaría a hacernos entender el papel que juega la lingüística zuliana en el desarrollo de estos estudios. Compartiendo, en ocasiones, protagonismo con el trabajo lingüístico que se irradia desde Caracas hacia otras regiones del interior del país, los estudios zulianos, fundamentalmente teniendo a Maracaibo como centro de acción, adquieren una importancia particular. Caracas y Maracaibo, así como también Mérida, se manifestarán como centros de la actividad lingüística nacional, desde los tiempos coloniales hasta el presente”.
Es decir, tanto en el Zulia como en la Capital del país y en Mérida juegan un importante rol estos estudios, toda vez que se han concentrado en quienes han indagado y escudriñado la manera de tratar el idioma en esas regiones, y porque cuentan con instituciones especializadas que se encargan de esos menesteres.
El trípode intelectual de estos estudios está compuesto por los ya mencionados Baralt, Medrano y Páez Urdaneta. Pero no dejan de estar Toro, Adolfo Ernst, Freyre Mayobre, Lisandro Alvarado y Pedro Manuel Arcaya, pilares de los estudios de vocabularios de la lengua wayuu. Por supuesto, otras lenguas aborígenes son mencionadas por estos estudiosos, quienes de alguna manera desmitifican a quienes hasta hace poco consideraban dialectos la armadura comunicacional de las culturas indígenas. Pero ese tema pertenece a otro escenario.
La “reconstrucción hipotética del vocabulario guajiro” nos entrega una larga lista de voces que de alguna manera tienen que ver con el español zuliano e, inclusive, con la psicología del zuliano, porque los wayuu también son zulianos y ellos hacen una lengua, que se ha encajado en el español de los criollos y ha inventado una manera de ser.
De Fermín Toro el libro da a conocer el “Vocabulario de las lenguas achagua, amarizama, pamigua, churruye, guahiba, tama, sebondoy y almaguera”.

4.-
El paseo es largo, da cuenta de otros aspectos arriba señalados que Francisco Javier Pérez desarrolla con sabia intención: que el lector universitario, el encariñado con estos temas pueda entender que el país, lo que somos, tiene asuntos pendientes con esas manera de decir, de pronunciar y de usar ciertos vocablos que no provienen del español sino de otras culturas que nos definen como regionales, como usuarios de una memoria que aún late en nuestra lengua.

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