“Reflexiones” de Guillermo Aveledo Coll. Nº 2

AUTOR Agencia Literaria

Con mi madre, Amalia, y mi padre, Ramón Guillermo, mis hermanas Valeria y Luisa Jacinta, hacíamos estos recorridos, sin la vida bohemia nocturna, pero con una libertad ya remota. De Los Caobos, recorríamos el Parque, los Museos (Museo de los niños incluido), el Teresa Carreño con su tienda musical y la librería de Monte Ávila, El Ateneo y su extraordinaria librería (allí compré, tras reunir Bs. 290 (0,29 de hoy) mi primer volumen de Tintín)… Íbamos a la Cinemateca, o a la Margot Benacerraf, donde forjamos una cultura fílmica que siempre nos ha unido. No eran infrecuentes las visitas a alguna Trattoria de la Solano, o al McDonalds de Sabana Grande.

También comíamos churros en Candelaria, o pasteles en la Alba o Dulcinea. Recorríamos Sabana Grande (en ocasiones, mi mamá nos daba 15 Bs. para ir al Cine, e íbamos mis hermana y yo a alguna matiné en el Broadway, el Radio City o el Miniteatro (muy anteriormente, Las Acacias…). Y al centro íbamos mucho, que era el sitio de trabajo de mis padres (ya en el sector privado o público): yo hasta iba en carrito allá, regresándome con ellos.

Y no era lo único que hacíamos en esa Caracas. El Ávila o el Parque del Este, que siguen allí, claro. Maxy’s y el CCT, algún autocine, el parque del Tolón, el Teatro Tilingo y el teatro Universitario, los recorridos a los mercados, la visita a los parques, las galerías de las Mercedes. El Hatillo, y las luces navideñas de Montalbán. Los Próceres en enero y “El Cubanito” tras ir al Estadio de Beisbol. Cada año, al pasar de grado, mi papá nos llevaba a un sitio notable, para marcar el cambio.

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Mis padres eran muy generosos. Pese a que eran profesionales dedicados, nunca escatimaron tiempo para nosotros. Recorrimos el país en sus modestos vehículos (a veces en viajes de trabajo), no sin percances, pero siempre contentos. Conocimos casi todos los estados del país (a mi pesar, al estudiar en el extranjero, no los acompañé al Amazonas ni al Delta). En un momento me enorgullecía conocer gente de todo el país por nombre y apellido.
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Es verdad, mucho permanece, pero la ciudad se ha hecho estrecha. La crisis de transporte y efectivo, así como la carencia de un presupuesto disponible para el esparcimiento, ha afectado este propósito. Con mi hija preparaba cada verano una especie de Plan Vacacional, pero el año pasado la crisis me hizo limitarlo mucho. Ella es caraqueña, aquí tiene siglos su familia, y no quiero que sea una niña que sólo conoce el Sureste.

Pero recorrer Caracas de noche, o ir por carretera, o tener para ir al cine, se ha hecho prohibitivo, peligroso, o todo a la vez. Y soy seguramente del percentil 90.

En todo caso, eso fue posible en el país, y no sólo por la bonanza. Hubo un empeño consciente en mejorar la vida de los más. Y esto puede cambiar, para mejor. No para regresar a una Caracas antañona, pero sí para hacer un futuro decente.

Esto no es el final

12 de enero


De estudiante, religiosamente compraba “El Libertario”, y seguí haciéndolo como profesor hasta que dejó de aparecer en el quiosco del pasillo de los libreros en la UCV.

Hay algo sobrecogedor de la ideología anarquista, especialmente la contundencia de su crítica. Su comentario social y político -muy distinto a mis convicciones personales- era siempre expresado con una claridad que, sin expectativas de obtener réditos públicos, se me hacía pertinente y sin falsas agendas. Especialmente la colusión del poder económico establecido y alguna política (lo cual también denunciaban los políticos honestos y los empresarios liberales, sin éxito)…

De todos los colectivismos, el ácrata me resulta muy honesto y noble.

Que además nunca tuviesen inclinación por Hugo Chávez, cuyo autoritarismo vieron claramente (sin duda dada la raíz histórica de su ideología, pero también como un criterio objetivamente demostrable) tenían mi respeto. De hecho, uno de los mejores libros de comentario crítico sobre el chavismo es a mi juicio “Venezuela: la Revolución como espectáculo”, de Rafael Uzcátegui, uno de los activistas y periodistas alternativos más admirables de este país.

Así que la noticia de su último número, comprensible, no es poca cosa. Pero siguen tratando de cambiar las cosas, una comunidad a la vez.

12 de enero


La crueldad es vicio. La sevicia, lo es en grado extremo.

Aún si algo así es simulado, quiere decir que es una actitud concebible y esperable desde el poder.

Y quien confunde sevicia con severidad, está ya corrompido.

15 de enero


Lo ocurrido al ciudadano Pérez, es otro signo más de una grave enfermedad republicana.
En una República sana, un ciudadano no debe ser así ajusticiado.
En una República sana, un ciudadano no tendría que exponerse así.
En una República sana, el poder no miente impunemente.

15 de enero


Uno se siente derrotado a las 8, y a las 10. Luego a la 1. Se le olvida, pero vuelve, a las 4. Y así a las 6, y las 7. La noche es toda de derrota… Y así.

15 de enero


 

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