“Mea Culpa” por Libardo Linarez

AUTOR Agencia Literaria

Una niña lloraba sobre la faz de un sepulcro el vuelo inesperado de un sueño inconcluso. Allí, a cuenta gotas y de forma lejana llegaban a mis oídos visos de sus palabras en forma de murmullos y sollozos, mientras algunos amigos cumplían el ritual de compartir recuerdos vividos con nuestro querido amigo Luis Noguera. Aquella niña despidiendo en silencio a su padre, aludía en mí el deber infranqueable de derribar todo obstáculo por amor a nosotros mismos, me hacía meditar sobre esas situaciones que nos ponen contra la pared y nos hacen reflexionar sobre nuestra existencia. Sereno hacía inventario de esa perenne lucha entre la realidad y los sueños, de las posibilidades que tenemos para seguir adelante. También reflexionaba sobre cómo miramos a nuestro entorno y todas esas bondades que a nuestro alrededor gravitan: ¿Qué tanto cuido tenemos de esos seres que decimos apreciar? ¿Qué tanta disposición hay en nuestra interioridad para ayudar a los más vulnerables? Entendiendo que la indiferencia es también una opción que no deja de ser menos humana, porque en nosotros son manifiestas tanto virtudes como pobrezas.

En estas ineludibles introspecciones que nos toman por sorpresa, es necesario que nuestro baremo sea muy aplomado, porque más allá de cómo nos vemos o cómo estamos, existe un innumerable universo de bondades que hemos tocado con nuestra irreverente locura. Y aunque el tema del abandono social al artista sea un tema trillado hasta la saciedad desde Arthur Rimbaud hasta nuestros días, mientras el artista se inmole, será necesario reflexionar sobre el asunto. Porque resulta absurdo pensar que casi dos siglos más tarde la condición de flagrante abandono de muchos artistas sea voluntaria. Y más patético resulta ver como esa “cosa” que se llama “estado” o las ratoneras que lo representan salen cual hermanitas salesianas expresando su pesar por la fatídica consumación de realidades previas a las que “siempre” esta “cosa” ha sido indiferente. Aquí vale preguntarse si esta “cosa” que hoy se duele del trámite de nuestro amigo Luis Noguera, se dolió de la condición de miseria que tuvo que transitar Gustavo Espinoza “Lelé” o se compadece de la condición errante de Vladimir Puche. ¿Cuántos artistas hoy día no han muerto en vida y solo se sabrá de ellos cuando decidan cumplir un simple trámite? El doloroso desenlace del artista plástico Luis Noguera nos lleva a preguntarnos si realmente otros amigos artistas están vivos: ¿Domingo Antonio Gutierrez y sus “Botellas al Mar” existen para esta “cosa” que hoy se lamenta de Luis Noguera? Y en nuestro caso, no debe faltar el sentido de “Mea Culpa” porque si no seríamos otra “cosa” no menos hipócrita.

A la verdad uno como actor cultural alejado de su verdadera vocación es un simple muerto andante. Y esta “cosa” que ni siquiera puede hoy día garantizar condiciones para castigar en nosotros el atrevimiento de Jean Valjean, menos podrá crear condiciones al ser interior que vaga en nuestra existencia, queramos o no aceptarlo, hemos sido condenados sin haber intentado tocar a esta “cosa” su bocado de pan. Y ella procura arrodillarnos de forma expedita por ese bocado a través de múltiples subterfugios en forma de carnetizaciónes o bonos.

Esta trágica realidad me hace recordar un hermoso conversatorio que sostuvimos hace años en el Centro Experimental de Talleres Artísticos (CETA) con el artista plástico Antonio Lazo, quien nos exponía muy gráficamente en unos cubículos el nivel de conciencia del artista o actor cultural, donde cada uno como individuo está en un estado de conciencia representado en un cubículo, y sólo cuando tomamos conciencia de esa realidad es que podemos transformarla y avanzar a un nivel superior de conciencia. Hoy pareciera que más que en un cubículo o estado de conciencia, nos hemos dejado encajonar aceptando una condición interfecta que sólo espera el simple trámite, una esclavitud  tal vez voluntaria, de la cual un irreverente salto nunca podrá ser tomado como un acto de cobardía.

Libardo Linarez
Director de la Revista Rótulo.
San Felipe, 12 de Enero de 2018.

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