[POEMA]: “Primero Sueño” de Sor Juana Inés de la Cruz

AUTOR Agencia Literaria

Piramidal, funesta de la tierra nacida sombra, al cielo encaminaba de vanos obeliscos punta altiva, escalar pretendiendo las estrellas; si bien sus luces bellas
exentas siempre, siempre rutilantes, la tenebrosa guerra
que con negros vapores le intimaba la vaporosa sombra fugitiva burlaban tan distantes,
que su atezado ceño
al superior convexo aún no llegaba del orbe de la diosa
que tres veces hermosa
con tres hermosos rostros ser ostenta; quedando sólo dueño
del aire que empañaba
con el aliento denso que exhalaba.
Y en la quietud contenta de impero silencioso,
sumisas sólo voces consentía de las nocturnas aves
tan oscuras tan graves,
que aún el silencio no se interrumpía.
Con tardo vuelo, y canto, de él oído mal, y aún peor del ánimo admitido, la avergonzada Nictímene acecha
de las sagradas puertas los resquicios o de las claraboyas eminentes
los huecos más propicios,
que capaz a su intento le abren la brecha, y sacrílega llega a los lucientes
faroles sacros de perenne llama, que extingue, sino inflama
en licor claro la materia crasa consumiendo; que el árbol de Minerva de su fruto, de prensas agravado, congojoso sudó y rindió forzado.

Y aquellas que su casa
campo vieron volver, sus telas yerba, a la deidad de Baco inobedientes
ya no historias contando diferentes, en forma si afrentosa transformadas segunda forman niebla,
ser vistas, aun temiendo en la tiniebla, aves sin pluma aladas:
aquellas tres oficiosas, digo, atrevidas hermanas,
que el tremendo castigo
de desnudas les dio pardas membranas alas, tan mal dispuestas
que escarnio son aun de las más funestas: éstas con el parlero
ministro de Plutón un tiempo, ahora supersticioso indicio agorero,
solos la no canora componían capilla pavorosa,
máximas negras, longas entonando y pausas, más que voces, esperando a la torpe mensura perezosa
de mayor proporción tal vez que el viento con flemático echaba movimiento
de tan tardo compás, tan detenido,
que en medio se quedó tal vez dormido.
Este. pues, triste son intercadente de la asombrosa turba temerosa, menos a la atención solicitaba
que al suelo persuadía; antes si, lentamente,
si su obtusa consonancia espaciosa al sosiego inducía
y al reposo los miembros convidaba, el silencio intimando a los vivientes, uno y otro sellando labio obscuro
con indicante dedo, Harpócrates la noche silenciosa; a cuyo, aunque no duro, si bien imperioso
precepto, todos fueron obedientes.
El viento sosegado, el can dormido: éste yace, aquél quedo,

los átomos no mueve
con el susurro hacer temiendo leve, aunque poco sacrílego ruido, violador del silencio sosegado.
El mar, no ya alterado, ni aún la instable mecía
cerúlea cuna donde el sol dormía;
y los dormidos siempre mudos peces, en los lechos amosos
de sus obscuros senos cavernosos, mudos eran dos veces.
Y entre ellos la engañosa encantadora Almone, a los que antes
en peces transformó simples amantes, transformada también vengaba ahora.
En los del monte senos escondidos cóncavos de peñascos mal formados, de su esperanza menos defendidos que de su obscuridad asegurados, cuya mansión sombría
ser puede noche en la mitad del día, incógnita aún al cierto
montaraz pie del cazador experto, depuesta la fiereza
de unos, y de otros el temor depuesto, yacía el vulgo bruto,
a la naturaleza
el de su potestad vagando impuesto, universal tributo.
Y el rey -que vigilancias afectaba- aun con abiertos ojos no velaba.
El de sus mismos perros acosado, monarca en otro tiempo esclarecido, tímido ya venado,
con vigilante oído,
del sosegado ambiente,
al menor perceptible movimiento que los átomos muda,
la oreja alterna aguda y el leve rumor siente
que aun le altera dormido.

Y en la quietud del nido,
que de brozas y lodo instable hamaca formó en la más opaca
parte del árbol, duerme recogida
la leve turba, descansando el viento del que le corta alado movimiento.
De Júpiter el ave generosa
(como el fin reina) por no darse entera al descanso, que vicio considera
si de preciso pasa, cuidadosa
de no incurrir de omisa en el exceso, a un sólo pie librada fía el peso
y en otro guarda el cálculo pequeño, despertador reloj del leve sueño, porque si necesario fue admitido
no pueda dilatarse continuado, antes interrumpido
del regio sea pastoral cuidado.
¡Oh de la majestad pensión gravosa, que aun el menor descuido no perdona! Causa quizá que ha hecho misteriosa, circular denotando la corona
en círculo dorado,
que el afán es no menos continuado.
El sueño todo, en fin, lo poseía: todo. en fin, el silencio lo ocupaba; aun el ladrón dormía:
aun el amante no se desvelaba:
El conticinio casi ya pasando iba y la sombra dimidiaba, cuando de las diurnas tareas fatigados
y no sólo oprimidos del afán ponderosos
del corporal trabajo, más cansados
del deleite también; que también cansa objeto continuado a los sentidos
aún siendo deleitoso;
que la naturaleza siempre alterna ya una, ya otra balanza, distribuyendo varios ejercicios,
ya al ocio, ya al trabajo destinados,

en el fiel infiel con que gobierna la aparatosa máquina del mundo; así pues, del profundo
sueño dulce los miembros ocupados, quedaron los sentidos
del que ejercicio tiene ordinario trabajo, en fin, pero trabajo amado
-si hay amable trabajo-
si privados no, al menos suspendidos.
Y cediendo al retrato del contrario de la vida que lentamente armado cobarde embiste y vence perezoso con armas soñolientas,
desde el cayado humilde al cetro altivo sin que haya distintivo
que el sayal de la púrpura discierna; pues su nivel, en todo poderoso, gradúa por exentas
a ningunas personas,
desde la de a quien tres forman coronas soberana tiara
hasta la que pajiza vive choza;
desde la que el Danubio undoso dora, a la que junco humilde, humilde mora; y con siempre igual vara
(como, en efecto, imagen poderosa de la muerte) Morfeo
el sayal mide igual con el brocado.
El alma, pues, suspensa
del exterior gobierno en que ocupada en material empleo,
o bien o mal da el día por gastado, solamente dispensa,
remota, si del todo separada
no, a los de muerte temporal opresos, lánguidos miembros, sosegados huesos, los gajes del calor vegetativo,
el cuerpo siendo, en sosegada calma, un cadáver con alma,
muerto a la vida y a la muerte vivo, de lo segundo dando tardas señas

el de reloj humano
vital volante que, sino con mano,
con arterial concierto, unas pequeñas muestras, pulsando, manifiesta lento de su bien regulado movimiento.
Este, pues, miembro rey y centro vivo de espíritus vitales,
con su asociado respirante fuelle pulmón, que imán del viento es atractivo, que en movimientos nunca desiguales
o comprimiendo yo o ya dilatando el musculoso, claro, arcaduz blando, hace que en él resuelle
el que le circunscribe fresco ambiente que impele ya caliente
y él venga su expulsión haciendo activo pequeños robos al calor nativo,
algún tiempo llorados, nunca recuperados,
si ahora no sentidos de su dueño, que repetido no hay robo pequeño. Estos, pues, de mayor, como ya digo, excepción, uno y otro fiel testigo,
la vida aseguraban,
mientras con mudas voces impugnaban la información, callados los sentidos con no replicar sólo defendidos;
y la lengua, torpe, enmudecía,
con no poder hablar los desmentía.
Y aquella del calor más competente científica oficina
próvida de los miembros despensera, que avara nunca v siempre diligente, ni a la parte prefiere más vecina
ni olvida a la remota,
y, en ajustado natural cuadrante, las cuantidades nota
que a cada cual tocarle considera, del que alambicó quilo el incesante calor en el manjar que medianero
piadoso entre él y el húmedo interpuso

su inocente substancia, pagando por entero
la que ya piedad sea o ya arrogancia, al contrario voraz necio la expuso merecido castigo, aunque se excuse
al que en pendencia ajena se introduce; esta, pues, si no fragua de Vulcano, templada hoguera del calor humano,
al cerebro enviaba
húmedos, mas tan claros los vapores de los atemperados cuatro humores, que con ellos no sólo empañaba
los simulacros que la estimativa dio a la imaginativa,
y aquesta por custodia más segura en forma ya más pura
entregó a la memoria que, oficiosa, gravó tenaz y guarda cuidadosa sino que daban a la fantasía
lugar de que formase imágenes diversas.
Y del modo
que en tersa superficie, que de faro cristalino portento, asilo raro
fue en distancia longísima se veían, (sin que ésta le estorbase)
del reino casi de Neptuno todo,
las que distantes le surcaban naves. Viéndose claramente,
en su azogada luna,
el número, el tamaño y la fortuna
que en la instable campaña transparente arriesgadas tenían,
mientras aguas y vientos dividían sus velas leves y sus quillas graves, así ella, sosegada, iba copiando
las imágenes todas de las cosas y el pincel invisible iba formando
de mentales, sin luz, siempre vistosas colores. las figuras,
no sólo ya de todas las criaturas

sublunares, mas aun también de aquellas que intelectuales claras son estrellas
y en el modo posible
que concebirse puede lo invisible, en sí mañosa las representaba
y al alma las mostraba.
La cual, en tanto, toda convertida a su inmaterial ser y esencia bella, aquella contemplaba,
participada de alto ser centella, que con similitud en sí gozaba.
I juzgándose casi dividida de aquella que impedida
siempre la tiene, corporal cadena que grosera embaraza y torpe impide el vuelo intelectual con que ya mide la cuantidad inmensa de la esfera,
ya el curso considera
regular con que giran desiguales los cuerpos celestiales;
culpa si grave, merecida pena, torcedor del sosiego riguroso de estudio vanamente juicioso;
puesta a su parecer, en la eminente
cumbre de un monte a quien el mismo Atlante que preside gigante
a los demás, enano obedecía,
y Olimpo, cuya sosegada frente, nunca de aura agitada
consintió ser violada,
aun falda suya ser no merecía,
pues las nubes que opaca son corona de la más elevada corpulencia
del volcán más soberbio que en la tierra gigante erguido intima al cielo guerra, apenas densa zona
de su altiva eminencia o a su vasta cintura
cíngulo tosco son, que mal ceñido o el viento lo desata sacudido
o vecino el calor del sol, lo apura.

A la región primera de su altura, ínfima parte, digo, dividiendo
en tres su continuado cuerpo horrendo, el rápido no pudo, el veloz vuelo
del águila -que puntas hace al cielo y el sol bebe los rayos pretendiendo entre sus luces colocar su nido- llegar; bien que esforzando
mas que nunca el impulso, ya batiendo las dos plumadas velas, ya peinando con las garras el aire, ha pretendido tejiendo de los átomos escalas
que su inmunidad rompan sus dos alas.
Las pirámides dos -ostentaciones de Menfis vano y de la arquitectura último esmero- si ya no pendones fijos, no tremolantes, cuya altura coronada de bárbaros trofeos,
tumba y bandera fue a los Ptolomeos, que al viento, que a las nubes publicaba, si ya también el cielo no decía
de su grande su siempre vencedora ciudad –ya Cairo ahora-
las que, porque a su copia enmudecía la fama no contaba
gitanas glorias, menéficas proezas,
aun en el viento, aun en el cielo impresas.
Estas que en nivelada simetría su estatura crecía
con tal disminución, con arte tanto, que cuánto más al cielo caminaba a la vista que lince la miraba,
entre los vientos se desaparecía sin permitir mirar la sutil punta
que al primer orbe finge que se junta hasta que fatigada del espanto,
no descendida sino despeñada
se hallaba al pie de la espaciosa basa.
Tarde o mal recobrada del desvanecimiento, que pena fue no escasa

del visual alado atrevimiento, cuyos cuerpos opacos
no al sol opuestos, antes avenidos con sus luces, si no confederados con él, como en efecto confiantes, tan del todo bañados
de un resplandor eran, que lucidos, nunca de calurosos caminantes
al fatigado aliento, a los pies flacos ofrecieron alfombra,
aun de pequeña, aun de señal de sombra.
Estas que glorias ya sean de gitanas o elaciones profanas,
bárbaros hieroglíficos de ciego error, según el griego,
ciego también dulcísimo poeta, si ya por las que escribe aquileyas proezas
o marciales, de Ulises, sutilezas, la unión no le recibe
de los historiadores o le acepta cuando entre su catálogo le cuente,
que gloría más que número le aumente, de cuya dulce serie numerosa
fuera más fácil cosa al temido Jonante el rayo fulminante quitar o la pescada
a Alcídes clava herrada, que un hemistiquio solo
-de los que le: dictó propicio Apolo- según de Homero digo, la sentencia. Las pirámides fueron materiales tipos solos, señales exteriores
de las que dimensiones interiores especies son del alma intencionales que como sube en piramidal punta al cielo la ambiciosa llama ardiente, así la humana mente
su figura trasunta
y a la causa primera siempre aspira,

céntrico punto donde recta tira la línea, si ya no circunferencia
que contiene infinita toda esencia. Estos pues, montes dos artificiales, bien maravillas, bien milagros sean, y aun aquella blasfema altiva torre, de quien hoy dolorosas son señales
no en piedras, sino en lenguas desiguales porque voraz el tiempo no las borre,
los idiomas diversos que escasean el sociable trato de las gentes haciendo que parezcan diferentes los que unos hizo la naturaleza,
de la lengua por solo la extrañeza; si fueran comparados
a la mental pirámide elevada, donde, sin saber como colocada el alma se miró, tan atrasados se hallaran que cualquiera graduara su cima por esfera, pues su ambicioso anhelo,
haciendo cumbre de su propio vuelo, en lo más eminente
la encumbró parte de su propia mente, de sí tan remontada que creía
que a otra nueva región de sí salía. En cuya casi elevación inmensa,
gozosa, mas suspensa, suspensa, pero ufana
y atónita, aunque ufana la suprema de lo sublunar reina soberana,
la vista perspicaz libre de antojos de sus intelectuales y bellos ojos, sin que distancia tema
ni de obstáculo opaco se recele,
de que interpuesto algún objeto cele, libre tendió por todo lo criado,
cuyo inmenso agregado cúmulo incomprehensible
aunque a la vista quiso manifiesto dar señas de posible,

a la comprehensión no, que entorpecida con la sobra de objetos y excedida
de la grandeza de ellos su potencia, retrocedió cobarde.
Tanto no del osado presupuesto revocó la intención arrepentida,
la vista que intentó descomedida en vano hacer alarde
contra objeto que excede en excelencia las líneas visuales,
contra el sol, digo, cuerpo luminoso, cuyos rayos castigo son fogoso,
de fuerzas desiguales despreciando, castigan rayo a rayo el confiado antes atrevido
y ya llorado ensayo,
necia experiencia que costosa tanto fue que Ícaro ya su propio llanto
lo anegó enternecido
como el entendimiento aquí vencido, no menos de la inmensa muchedumbre de tanta maquinosa pesadumbre
de diversas especies conglobado esférico compuesto,
que de las cualidades
de cada cual cedió tan asombrado que, entre la copia puesto,
pobre con ella en las neutralidades
de un mar de asombros, la elección confusa equívoco las ondas zozobraba.
Y por mirarlo todo; nada veía, ni discernir podía,
bota la facultad intelectiva en tanta, tan difusa
incomprensible especie que miraba desde el un eje en que librada estriba la máquina voluble de la esfera,
el contrapuesto polo, las partes ya no sólo,
que al universo todo considera serle perfeccionantes

a su ornato no más pertenecientes; mas ni aun las que ignorantes; miembros son de su cuerpo dilatado, proporcionadamente competentes.
Mas como al que ha usurpado diuturna obscuridad de los objetos visibles los colores
si súbitos le asaltan resplandores,
con la sombra de luz queda más ciego: que el exceso contrarios hace efectos en la torpe potencia, que la lumbre del sol admitir luego
no puede por la falta de costumbre; y a la tiniebla misma que antes era tenebroso a la vista impedimento, de los agravios de la luz apela
y una vez y otra con la mano cela de los débiles ojos deslumbrados los rayos vacilantes,
sirviendo va piadosa medianera la sombra de instrumento
para que recobrados por grados se habiliten,
porque después constantes
su operación más firme ejerciten.
Recurso natural, innata ciencia
que confirmada ya de la experiencia, maestro quizá mudo,
retórico ejemplar inducir pudo a uno y otro galeno
para que del mortífero veneno,
en bien proporcionadas cantidades, escrupulosamente regulando
las ocultas nocivas cualidades, ya por sobrado exceso
de cálidas o frías,
o ya por ignoradas simpatías
o antipatías con que van obrando las causas naturales su progreso,
a la admiración dando, suspendida, efecto cierto en causa no sabida,

con prolijo desvelo y remirada, empírica atención examinada en la bruta experiencia,
por menos peligrosa
la confección hicieron provechosa, último afán de la apolínea ciencia de admirable triaca
¡que así del mal el bien tal vez se saca!
No de otra suerte el alma que, asombrada de la vista quedó de objeto tanto,
la atención recogió, que derramada en diversidad tanta, aun no sabía recobrarse así misma del espanto que portentoso había
su discurso clamado, permitiéndole apenas de un concepto confuso
el informe embrión que mal formado inordinado caos retrataba
de confusas especies que abrazaba, sin orden avenidas,
sin orden separadas
que cuanto mas se implican combinadas tanto más se disuelven desunidas
de diversidad llenas
ciñendo con violencia lo difuso
de objecto tanto a tan pequeño vaso, aun al más bajo, aun al menor, escaso.
Las velas, en efecto, recogidas que fío inadvertidas
traidor al mar, al viento ventilante, buscando desatento
al mar fidelidad, constancia al viento mal le hizo de su grado
en la mental orilla dar fondo destrozado
al timón roto, a la quebrada entena, besando arena a arena
de la playa el bajel astilla o astilla, donde ya recobrado
el lugar usurpó de la carena,

cuerda refleja, reportado aviso de dictamen remiso,
que en su operación misma reportado más juzgó conveniente
a singular asunto reducirse, o separadamente
una por discurrir las cosas, que viene a ceñirse
en las artificiosas
dos veces cinco son categorías. Reducción metafísica que enseña los erites concibiendo generales en sólo unas mentales fantasías donde de la materia se desdeña el discurso abstraído,
ciencia a formar de los universales, reparando advertido,
con el arte el defecto
de no poder con un intuitivo conocer acto todo lo criado,
sino que haciendo escala de en concepto en otro va ascendiendo grado a grado,
y el de comprehender orden relativo sigue necesitado
de él -del entendimiento limitado vigor- que a sucesivo discurso fía su aprovechamiento, cuyas débiles fuerzas la doctrina,
con doctos alimentos va esforzando, y el prolijo, si blando
continuo curso de la disciplina, robustos le van alientos infundiendo, con que más animoso
el palio glorioso
del empeño más arduo altivo aspira los altos escalones ascendiendo
en una ya, ya en otra cultivado, facultad, hasta que insensiblemente la honrosa cumbre mira
término dulce de su afán pasado,
de amarga siembra fruto al gusto grato,

que aun a largas fatigas fué barato, y con planta valiente
la cima huella de su altiva frente.
De esta serie seguir mi entendimiento el método quería
o del ínfimo grado del ser inanimado menos favorecido, sino más desvalido,
de la segunda causa productiva pasar a la más noble hierarquía, que en vegetable aliento primogénito es, aunque grosero, de Temis el primero,
que a sus fértiles pechos maternales con virtud atractiva,
los dulces apoyó manantiales
de humor terrestre, que a su nutrimiento natural es dulcísimo alimento.
Y de cuatro adornada operaciones de contrarias acciones
ya atrae, ya segrega diligente
lo que no serle juzga conveniente; ya lo superfluo expele y de la copia la substancia más útil hace propia.
Y esta ya investigada
forma inculcar más bella de sentido adornada; y aun más que de sentido de aprehensiva fuerza imaginativa,
que justa puede ocasionar querella cuando afrenta no sea,
de la que más lucida centellea inanimada estrella,
bien que soberbios brille resplandores, que hasta a los astros puede superiores, aun la menor criatura, aun la más baja, ocasionar envidia, hacer ventaja.
Y de este corporal conocimiento haciendo -bien que escaso- fundamento el supremo pasar maravilloso compuesto triplicado

de tres acordes líneas ordenado y de las formas todas inferiores compendio misterioso;
bisagra engazadora
de la que más se eleva entronizada naturaleza pura
y de la que criatura
menos noble se ve más abatida
-no de las cinco solas adornada sensibles facultades-
mas de las interiores
que tres rectrices son ennoblecida que para ser señora
de las demás, no en vano
la adornó sabia poderosa mano, fin de sus obras, círculo que cierra la esfera con la tierra;
última perfección de lo criado
y último de su Eterno Autor agrado; en quien con satisfecha complacencia su inmensa descansó magnificencia: fábrica portentosa
que cuanto más altiva al cielo toca sella el polvo la boca
de quien ser pudo imagen misteriosa la que Águila Evangélica, sagrada visión en Patmos vio que las estrellas midió y el cielo con iguales huellas;
o la estatua eminente
que del metal mostraba más preciado la rica altiva frente
y en el más desechado
material flaco fundamento hacia con que a leve vaivén se deshacía;
el hombre, digo, en fin, mayor portento que discurre el humano entendimiento, compendio que absoluto
parece al ángel, a la planta, al bruto, cuya altiva bajeza
toda participó naturaleza.
¿Porqué? Quizá porque más venturosa

que todas, encumbrada, a merced de amorosa
unión sería. ¡Oh aunque repetida, nunca bastante bien sabida merced! pues, ignorada,
en lo poco apreciada
parece o en lo mal correspondida. Estos, pues, grados discurrir quería unas veces, pero otras disentía excesivo juzgando atrevimiento
el discurrirlo todo.
Quien aun la más pequeña,
aun la más fácil parte no entendía de los más manuales
efectos naturales;
quien de la fuente no alcanzó risueña el ignorado modo
con que el curso dirige cristalino deteniendo en ambages su camino, los horrorosos senos
de Plutón, las cavernas pavorosas del abismo tremendo,
las campañas hermosas, los Elíseos amenos,
tálamo ya de su triforme esposa, clara pesquisidora registrando, útil curiosidad aunque prolija, que de su no cobrada bella hija noticia cierta dio a la rubia diosa,
cuando montes y selvas trastornando, cuando prados y bosques inquiriendo, su vida va buscando
y del dolor su vida iba perdiendo; quien de la breve flor aun no sabía por qué ebúrnea figura circunscribe su frágil hermosura; mixtos por qué colores
confundiendo la grana en los árboles fragante le son gala;
ámbares por qué exhala y el leve, si más bello

ropaje al viento explica
que en una y otra fresca multiplica hija, formando pompa escarolada de dorados perfiles cairelada,
que roto del capillo el blanco sello de dulce herida de la cipria diosa los despojos ostenta jactanciosa, si ya el que la colara,
candor al alba, púrpura al aurora, no le usurpo y, mezclado, purpúreo es ampo, rosicler nevado, tornasol que concita
los que del prado aplausos solicita, preceptor quizá vano,
si no ejemplo profano
de industria femenil que el más activo veneno hace dos veces ser nocivo
en el velo aparente
de la que finge tez resplandeciente.
Pues si a un objeto sólo, repetía tímido el pensamiento,
huye el conocimiento
y cobarde el discurso se desvía, si a especie segregada
como de las demás independiente, como sin relación considerada,
da las espaldas el entendimiento
y asombrado el discurso se espeluza del difícil certamen que rehúsa acometer valiente
porque teme cobarde
comprehenderlo o mal o nunca o tarde.
¿Cómo en tan espantosa
máquina inmensa discurrir pudiera, cuyo terrible incomportable peso
si ya en su centro mismo no estribara, de Atlante a las espaldas agobiara,
de Alcídes a las fuerzas excediera; y el que fue da la esfera
bastante contrapeso,
pesada manos, menos poderosa

su máquina juzgara que la empresa de investigar a la naturaleza?
Otras, más esforzado, demasiada acusaba cobardía,
el laudo antes ceder que en la lid dura haber siquiera entrado,
y al ejemplar osado
del claro joven la atención volvía,
-auriga altivo del ardiente carro- y el, si infeliz, bizarro
alto impulso al espíritu encendía donde el ánimo halla,
más que el temor ejemplos de escarmiento, abiertas sendas al atrevimiento
que una ya ves trilladas no hay castigo que intento baste a renovar segundo; segunda ambición, digo,
ni el panteón profundo
cerúlea tumba a su infeliz ceniza, ni el vengativo rayo fulminante mueve por más que avisa
al ánimo arrogante
que el vivir despreciando determina su nombre eternizar en su ruina; tipo es antes modelo
ejemplar pernicioso
que alas engendra a repetido vuelo del ánima ambicioso,
que del mismo terror haciendo halago que el valor lisonjea,
las glorías deletrea
entre los caracteres del estrago. O el castigo jamás se publicara,
porque nunca, el delito se intentara, político silencioso antes rompiera los autos del proceso
circunspecto estadista,
o en fingida ignorancia simulara, o con secreta pena castigara
el insolente exceso, sin que a popular vista

el ejemplar nocivo propusiera; que del mayor delito la malicia peligra en la noticia
contagio dilatado trascendiendo, que singular culpa sólo siendo, dejara más remota a lo ignorado
su ejecución, que no a lo escarmentado.
Mas mientras entre escollos zozobraba, confusa la elección, sirtes tocando
de imposibles en cuantos intentaba rumbos seguir, no hallando materia en que cebarse
el calor ya, pues su templada llama (llama al fin, aunque más templada sea) que si su activa emplea
operación, consume, si no inflama sin poder excusarse
había lentamente
el manjar transformado
propia substancia de la ajena hacienda; y el que hervor resultaba bullicioso
de la unión entre el húmedo y ardiente en el maravilloso
natural vaso había ya cesado
(faltando el medio) y consiguientemente los que de él ascendiendo
soporíferos, húmedos vapores, el trono racional embarazaban
desde donde a los miembros derramaban dulce entorpecimiento
a los suaves ardores del calor consumidos,
Las cadenas del sueño desataban. Y la falta sintiendo de alimento los miembros extenuados
del descanso cansados,
ni del todo despiertos ni dormidos, muestras de apetecer el movimiento con tardos esperezos
ya daban, extendiendo
los nervios, poco a poco, entumecidos,

y los cansados huesos,
aun sin entero arbitrio de su dueño volviendo al otro lado,
a cobrar empezaron los sentidos dulcemente impedidos
del natural beleño
su operación los ojos entreabriendo.
Y del cerebro ya desocupado los fantasmas huyeron
y como de vapor leve formado
en fácil humo, en viento convertida, su forma resolvieron.
Así, linterna mágica, pintadas representa Fingidas
en la blanca pared varias figuras de la sombra no menos ayudaba
que de la luz que en trémulos reflejos los competentes lejos
guardando de la docta perspectiva en sus ciertas mensuras,
de varias experiencias aprobadas la sombra fugitiva,
que en el mismo esplendor se desvanece, cuerpo finge formado
de todas dimensiones adornado cuando a un ser superficie no merece.
En tanto el padre de la luz ardiente de acercarse al oriente
ya el término prefijo conocía
y al antípoda opuesto despedía con trasmontantes rayos
que de su luz en trémulos desmayos en el punto hace mismo su occidente, que nuestro oriente ilustra luminoso; pero de venus antes el hermoso apacible lucero
rompió el albor primero
y del viejo Titón la bella esposa, amazona de luces mil vestida, contra la noche armada, hermosa si atrevida,

valiente aunque llorosa su frente mostró hermosa
de matutinas luces coronada, aunque tierno preludio, ya animoso del planeta fogoso,
que venía las tropas reclutando de bisoñas vislumbres,
las más robustas, veteranas, lumbres para la retaguardia reservando contra la que tirana usurpadora
del imperio del día,
negro laurel de sombras mil ceñía y con nocturno cetro pavoroso las sombras gobernaba,
de quien aun ella misma se espantaba.
Pero apenas la bella precursora signífera del sol, el luminoso
en el oriente tremoló estandarte, tocando alarma todos los suaves si bélicos clarines de las aves, diestros -aunque sin arte- trompetas sonorosos,
cuando, como tirano al fin, cobarde de recelos medrosos
embarazada, bien que hacer alarde intentó de sus fuerzas, oponiendo de su funesta capa los reparos, breves en ella, de los tajos claros heridas recibiendo,
bien que mal satisfecho su denuedo, pretexto mal formado fue del miedo, su débil resistencia conociendo,
a la fuga ya casi cometiendo
más que a la fuerza, el medio de salvarse, ronca tocó bocina
a recoger los negros escuadrones para poder en orden retirarse, cuando de más vecina
plenitud de reflejos fué asaltada, que la punta rayó más encumbrada
de los del mundo erguidos torreones.

Llegó en efecto el sol cerrando el giro que esculpió de oro sobre azul zafiro
de mil multiplicados
mil veces puntos, flujos mil dorados, líneas, digo, de la luz clara salían
de su circunferencia luminosa, pautando al cielo la cerúlea plana y a la que antes funesta fué tirana
de su imperio, atrapadas embestían que sin concierto huyendo presurosa en sus mismos horrores tropezando su sombra iba pisando
y llegar al ocaso pretendía
con él sin orden ya, desbaratado ejército de sombras, acosado
de la luz de la luz que el alcance le seguía.
Consiguió al fin, la vista del ocaso el fugitivo paso
y en su mismo despeño recobrada esforzando el aliento de la ruina,
en la mitad del globo que ha dejado el sol desamparado,
segunda vez rebelde determina mirarse coronada,
mientras nuestro hemisferio la dorada ilustraba del sol madeja hermosa,
que con luz juiciosa
de orden distributivo, repartiendo a las cosas visibles sus colores
iba restituyendo
entera a los sentidos exteriores
su operación, quedando a la luz más cierta el mundo iluminado, y yo despierta.

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