“LA CUENCA DEL LAGO DE MARACAIBO DESPUÉS DE LA MUERTE DE NIGALE”. Por Luis Guillermo Hernández

AUTOR Agencia Literaria

La aculturación de los añú

Sacrificado el Cacique Nigale, exterminada la nación zapara y sometidos de una forma brutal e inhumana los aliles, la resistencia indígena del norte de la Laguna prácticamente desaparecería y las tribus pequeñas se tuvieron que plegar a los europeos de la cuenca lacustre, regresando a las encomiendas y continuando su comercio con los poblados de origen español o indígena de la región lacustre, mientras paulatinamente se iban mezclando con hispanos y negros, constituyente el mestizaje que actualmente los caracteriza en general, ya que muy pocos aborígenes mantuvieron su identidad de pueblo indígena. Así, esos escasos descendientes de los valerosos aruacos de los poblados palafíticos, se dedicarían a sus actividades de subsistencia, como bien lo ha señalado Pablo Nigal Palmar Paz, lográndose reestablecer en las riberas nor-occidentales del Lago de Maracaibo, en su ancestral Laguna de Sinamaica y en las orillas del actual río Limón, en donde iban a desarrollar su hábitat, sus  costumbres y sus actividades características de navegantes, pescadores, mangleros, cazadores y artesanos. Se les iba a conocer entonces, como indios paraujanos o añú, víctimas de un gran proceso de auto aniquilación cultural, perdiendo su originaria estructura social y religiosa y sobre todo su lenguaje, signo de identidad de nación aborigen, en el cual se había originado el nombre ilustre de la patria. De ellos se ha efectuado un breve recuento en el capítulo inicial de esta investigación, donde referimos al lector interesado.

 

La resistencia de los quiriquires

Sin embargo, en el sur quedaban los combatientes indios quiriquires, como la manifestación constante de la rebeldía aborigen quienes, durante las dos siguientes centurias y sobre todo en el siglo XVII,  mantendrían el foco perenne y constante de la resistencia indígena, aunque más tarde fueron sustituidos en esa eterna lucha, por sus congéneres los motilones, de filiación chibcha, extendidos entre los territorios de Venezuela y del Nuevo Reino de Granada.

Esos aborígenes quiriquires, dueños de canoas y piraguas en un número considerable, ocupaban las desembocaduras de los ríos Catatumbo y  Zulia, de otros ríos, caños y de las orillas lacustres, como señores de aquellos parajes, donde según la versión hispana,  estorbaban las relaciones con el Nuevo Reino de Granada y  sobre todo con Pamplona.

Rebeldes desde siempre a la penetración invasora, habían atacado la escolta del mercader y capitán Domingo de Lizona, en el año 1599, matándolos y adueñándose de más de veinte mil pesos de mercadería de Castilla e hiriendo gravemente al comerciante, quien haría una expedición para vengarse, sin lograr mayores resultados. Habían asaltado, destruido e incendiado a la población de San Antonio de Gibraltar en el mes de agosto de 1600 y en dos ocasiones más, ya a comienzos del siglo XVII, ciudad lacustre del sur que sería reconstruida por sus pobladores, por su vital importancia comercial. También  habían experimentado aquella expedición de Andrés de Velasco, Teniente de Gobernador de Maracaibo, en 1606, cuando se había rescatado a la cautiva Leonor de Argüelles.

Ahora les tocaría enfrentarse a las tropas de Juan Pacheco Maldonado, quien terminada la campaña contra los indígenas del norte de la Laguna, a finales de agosto de 1607, regresaría muy enfermo a Trujillo, para convalecer de las fiebres que lo aquejaban, por la insalubridad de los pantanos de la barra y los caños adyacentes, la falta de agua potable, la alimentación deficiente y el extremado calor húmedo de la región. Debido a su deficiente estado de salud, no podría ir personalmente a combatir contra los indios quiriquires y tendría que confiar la expedición a su capitán Juan García Montero, en calidad de Sargento, para lo cual lo designaría el 28 de mayo de 1608, quien además era su sobrino político y había sido su maestre de campo en las campañas de represión indígena anteriores. El mismo Juan Pacheco Maldonado expresaría: Por haber caído enfermo este testigo, acometió el dicho Juan García Montero la jornada, enviándole con toda la gente de ella, como hombre de satisfacción y experiencia, el cual entró por el dicho río y fue tan importante su ida, que prendió muchos indios quiriquires y sacó dos mujeres, la hija y la otra nieta del capitán Rodrigo de Argüelles… y les tomó mas de 60 canoas.  

Gracias a la probanza de servicios del capitán Juan García Montero y de los testigos que en ella participaron, Andrés Sanz, Paulo de Brito, Juan Pacheco Maldonado y el mismo Juan García Montero, se conoce aquella campaña fluvial, donde se internaría por el río Zulia y con buen ardid y orden dio en los dichos indios quiriquires e hizo presa en ellos, en tierras anegadizas y tierra muy trabajosa, llena de pantanos, calurosas, con muchos mosquitos y por ende, enfermizas. Juan Pacheco Maldonado agregaría que: peleó con ellos, les tomó cantidad de canoas y cogió gente, en especial a Doña Paula y a una sobrina suya, hija y nieta del capitán Rodrigo de Argüelles; les  tomó más de setenta canoas, que son los bajeles de que se sirven y en que salían a hacer muchos daños a la laguna de Maracaibo y puertos. Se refería Juan Pacheco Maldonado a Paula de Argüelles y a Inés de Argüelles, ésta última hija de Leonor, cautivas de los indios quiriquires desde el asalto a San Antonio de Gibraltar en el año 1600.

Es decir, que con cincuenta prisioneros y setenta y siete canoas apresadas, además de destruirles sus sembradíos, los quiriquires habían sufrido un golpe terrible, pero los que aún quedaban, retirados en sus caños y ciénegas, no fueron sometidos del todo y por eso más tarde habría que hacer nuevas entradas en su búsqueda, así como de los rebeldes ataques de resistencia de los motilones, pues al parecer de algunos estudiosos, los quiriquires no eran sino una parcialidad de estos últimos, de origen chibcha, aunque se ha sostenido que los quiriquires eran caribes.

Esa campaña militar sería muy difícil, por las tierras anegadizas, llenas de pantanos, calurosas, con muchos mosquitos y por lo tanto, enfermizas para las tropas españolas. En el mismo año de 1608, el capitán Pedro Venegas, Corregidor y Justicia Mayor de Mérida, en junio, se trasladaría a San Antonio de Gibraltar para reedificarla de nuevo, por comisión de Juan de Borja, Presidente del Nuevo Reino de Granada.

Fueron recurrentes los ataques quiriquires a la zona sur de la laguna. Así, en 1617 se volvieron a sublevar, cuando Fernando de Arrieta era Corregidor de la ciudad de Mérida y su partido, quien comisionaría al capitán Juan Pérez Cerrada para acabar con esa resistencia aborigen, el cual con una expedición de guerra, sometería y castigaría a esos indígenas, quienes asediaban a la ciudad de Gibraltar, logrando apresar a unos ochocientos, ejecutar a muchos y reducir a pueblo a los otros. Entre los apresados por este capitán figuraba Inés de Argüelles, la última hija de Rodrigo de Argüelles hasta entonces no rescatada y su marido el cacique indio, de quien había tenido tres hijos, ahorcándose al indio, a pesar de las súplicas de Inés, quien había convivido con él diecisiete años, casi desde su niñez. Entonces. se enviaría, con otro hijo de Argüelles, a la rescatada y a sus tres hijos, pero por el camino, el tío cruelmente mataría a los sobrinos, pues no quería que se dijese que su hermana había tenido hijos de un indio, pero pronto tendría el castigo a su horrible crimen, al morir de mal de rabia en la ciudad, mientras su hermana lloraba desconsoladamente a sus pequeños, al lado de los otros dos hermanos que le quedaban en la población lacustre.

La constante resistencia de los indígenas, hasta entonces denominados quiriquires,  a lo largo del río Zulia y de las costas lacustres marabinas durante los veinte años primeros del siglo XVII, impidiendo el comercio entre las ciudades vecinas, con la consiguiente zozobra, muertes y robos, haría que el presidente de la Real Audiencia de Santa Fe, Capitán General Juan de Borjas, pensase en realizar una Capitulación con el capitán Juan Pacheco Maldonado, para someter y pacificar a los aborígenes, lo cual se llevaría a efecto en el año 1620.

Tras el viaje a la Corte Española del militar trujillano, se crearía la Provincia de Mérida y La Grita, por Real Cédula del 3 de noviembre de 1622, que incluiría a las jurisdicciones de Mérida, Espíritu Santo de La Grita, San Cristóbal, Barinas, Pedraza y San Antonio de Gibraltar, las cuales habían constituido hasta entonces, el Corregimiento de Mérida y La Grita, desde el 10 de diciembre de 1607, sin embargo no empezaría a funcionar como la nueva Gobernación hasta el año 1625, con el capitán Juan Pacheco Maldonado como su primer Gobernador.

Al conferirle su nuevo nombramiento, el rey expresaría: “Por cuanto he sido informado que en el Nuevo Reino de Granada hay una nación de indios que llaman motilones, gente feroz y cruel, la cual ha veinte años que cometiendo muchas muertes y robos impiden la navegación del río Zulia, muy importante al comercio de muchas ciudades de aquella jurisdicción y de las demás de su costa, que así ellos como los presidios se sustentan de los frutos que se llevan de unas partes a otras y que deseando el Presidente y Oidores de mi Audiencia Real de la ciudad de Santa Fe del dicho Reino y particularmente don Juan de Borjas, mi Gobernador y Presidente de la dicha mi Audiencia poner remedio en estos daños castigando y reprimiendo la osadía y atrevimiento de estos indios, hizo asiento y capitulación con vos, el capitán Juan Pacheco Maldonado…”, para luego señalar: “Por la presente os encargo a vos, Juan Pacheco Maldonado, la pacificación de dichos indios motilones y navegación del río Zulia, para que la hagáis en conformidad de lo que en esta razón trató y capituló con vos el dicho mi Presidente, en el término de los seis años que para ello os señalo…”.

Por lo tanto, el motivo del Presidente de la Audiencia de Santa Fe de Bogotá, al capitular con el capitán Juan Pacheco Maldonado y crear la nueva provincia, era sobre todo, la aceptación de someter a los indios motilones, del mismo modo que la ratificación de la Corona obedecería a la misma razón.

 

La resistencia de los motilones

Según el Hermano Nectario María, la primera vez que se mencionaría en un documento oficial colonial, el término motilones, sería en esa Real Cédula del 3 de noviembre de 1622, al crearse la nueva Provincia y nombrarse su primer gobernador. Desde entonces, paulatinamente, esa designación indígena casi sustituiría a la anterior de pemenos y quiriquires, en los distintos procesos de resistencia aborigen de la cuenca del Lago de Maracaibo, sobre todo ya en el siglo XVIII.

Juan Pacheco Maldonado prepararía su expedición de forma sorpresiva, con lanchas y canoas, remando río arriba, para caer de improviso sobre los pueblos de indios, los cercaría y apresaría a todos, sin que pudieran ofrecer resistencia. Trataría a los indios con consideración y respeto, pero para que no volvieran al proceso de resistencia, decidiría sacarlos de sus parajes y llevárselos para otros lugares, sobre todo a Trujillo y Barinas, donde distantes de su natural ambiente, no volviesen a cometer muertes y robos, como gente indómita y guerrera que eran, pudiendo rendir gran utilidad en el beneficio del tabaco que allí se labraba, además de que celosos sacerdotes los adoctrinasen, cuidando de su conversión y educación.

Ese proyecto se frustraría, porque el Presidente de la Audiencia de Santa Fe de Bogotá los otorgaría en encomienda y por lo tanto, quedarían en el mismo lugar, para poder volver a sublevarse, ejerciendo su resistencia aborigen, en cualquier momento.

Desde luego, que retornaron a ella, destruyendo productos comerciales, como el tabaco, el cacao y otras mercaderías de España, y así mismo, saliéndose de sus tierras y asaltando, robando y matando a pobladores de La Grita, San Cristóbal, Salazar de las Palmas y hasta Pamplona. Por esas causas, en 1637, los capitanes Cristóbal Gutiérrez, desde el Reino de Nueva Granada y Antón Suárez, desde Venezuela, los atacaron, sin grandes resultados, a pesar de apresar a algunos de ellos. El capitán Martín de Oria, Teniente de Gobernador de Maracaibo, en el año 1638, lograría someterlos y reducirlos pacíficamente a poblado, además de enviar a dieciocho de los principales jefes a la isla La Española, como esclavos, por la responsabilidad de los daños ocasionados a la región.

A partir de este último proceso de resistencia indígena de los quiriquires en 1638, no volvería a localizarse el término quiriquires en la documentación referente a la zona sur del lago, en los ríos Catatumbo, Escalante y Chama, señalándose desde entonces, como motilones bravos, de las mismas zonas geográficas, además de decirse que eran caribes, sin embargo, a partir de 1950, Fray Cesáreo de Armellada y el indigenista francés Paul Rivet, lograron aclarar que eran de origen chibcha, basándose en dos vocabularios redactados por misioneros del siglo XVIII, siendo denominados posteriormente como barí, para así poderlos diferenciar de los yukpa, también señalados como motilones mansos, en una confusión de varios siglos.

Durante el resto del siglo XVII y gran parte del XVIII, la resistencia de los motilones sería constante, no sólo en el sur del lago sino también en la zona perijanera, a donde se desplazarían, siendo pacificados y reducidos a partir de 1772, por las expediciones de Sebastián José Guillén y la posterior labor abnegada de los misioneros capuchinos, al constituir numerosos pueblos de indígenas, en los ambientes de existencia de los aborígenes, sin embargo parte de ese inmenso trabajo misional se iba a perder durante el proceso de la guerra de independencia y los motilones, ahora en la sierra de Perijá, volverían a la resistencia guerrera, hasta que en 1960 se haría el primer contacto con sectores capuchinos y estudiosos de su cultura, ya reconocidos con el nombre de barí. Sin embargo, esas etapas de la resistencia indígena motilona y también la wayúu, serán tratadas con amplitud, en un segundo y tercer volumen de esta investigación histórica.

Mientras tanto, recordemos que por una real cédula del 31 de diciembre de 1676 se iba a agregar Maracaibo a la Provincia de Mérida y La Grita y por ende al Nuevo Reino de Granada, separándolo de la Provincia de Venezuela, donde había nacido como ciudad y contribuido a la adopción del nombre de la provincia y posteriormente, de la nación, para entonces, tomar la denominación de Provincia de Mérida, La Grita y Ciudad de Maracaibo, prevaleciendo con el paso de los años la última designación, Provincia de Maracaibo, la cual sería atacada y saqueada por piratas de diversas nacionalidades, por lo cual sería fortificada con castillos protectores a la entrada de su barra, pero a su pesar se iría convirtiendo en el centro nodal del comercio de su importante región histórica, con su consecuente circuito agroexportador.

Así pasarían otros cien años, hasta que por real cédula del 8 de septiembre de 1777,  se lograría la unidad de todas las provincias de la actual Venezuela, al constituirse la Capitanía General de Venezuela. Sin embargo, esa unificación había llegado demasiado tardíamente, ya sólo 33 años separaban esa fecha clave en el período colonial español, del inicio del proceso independentista de la actual nación venezolana, para así, lograr romper con aquel extenso período de la dominación española y poder lograr la plena independencia como país  soberano. Habían sido más de tres siglos de ese yugo dominador, desde 1498, cuando Cristóbal Colón avistaría las costas de la Tierra de Gracia, o bien, desde el 24 de agosto de 1499, cuando Alonso de Ojeda llegaría al Golfo de Coquibacoa y al Lago de San Bartolomé o de Maracaibo, pila bautismal del nombre de Venezuela.

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