DISCURSO DE ORDEN CON MOTIVO DE LA CONMEMORACIÓN DEL 229 ANIVERSARIO DEL NATALICIO DEL LIBERTADOR SIMÓN BOLÍVAR. Por Jesús Ángel Semprún Parra

AUTOR Agencia Literaria

DISCURSO DE ORDEN DEL ABOGADO JESÚS ÁNGEL SEMPRÚN PARRA, VICEPRESIDENTE DE LA ACADEMIA DE HISTORIA DEL ESTADO ZULIA, CON MOTIVO DE LA CONMEMORACIÓN DEL 229 ANIVERSARIO DEL NATALICIO DEL LIBERTADOR SIMÓN BOLÍVAR Y DEL 189 ANIVERSARIO  DE LA BATALLA NAVAL DEL LAGO DE MARACAIBO,

Maracaibo 24 de Julio de 2012.

Estamos hoy reunidos aquí, en la Plaza Bolívar de Maracaibo, para conmemorar el 229 aniversario del natalicio del Libertador Simón Bolívar y el 189 aniversario de la Batalla Naval del Lago de Maracaibo y por consiguiente de la Armada Nacional Venezolana. Además me permito recordar la conmemoración de otras efemérides, aunque no oficiales, no menos importantes y de gran significación para la región, como lo son: La inauguración, en 1883, del antiguo Teatro Baralt de Maracaibo, joya arquitectónica orgullo de los zulianos, construido por el Ejecutivo Regional, siendo el presidente de ese entonces, el general José Escolástico Andrade, para convertirse con el tiempo en uno de los íconos actuales de la cultura zuliana; en 1926 muere el poeta Udón  Pérez, autor de la letra del Himno del Zulia, hoy más vigente que nunca en su contenido; en 1939 se inaugura en el Panteón Nacional, el monumento que cubre los restos del héroe zuliano general Rafael Urdaneta; y finalmente, en 1940, se crea el Centro Histórico del Zulia, germen de la actual Academia de Historia del estado Zulia, presidida actualmente por el Dr. Alfredo Rincón y cuyos miembros con sus aportes a la investigación histórica, se han convertido en los paladines de la reconstrucción de la historia del Zulia, del rescate de nuestros valores culturales, costumbristas, folclóricos, religiosos, etc., pero sobre todo de nuestra zulianidad.

Es de suma trascendencia rememorar todos estos acontecimientos para afianzar la identidad regional del zuliano, que permita al pueblo tener el piso cultural e histórico necesario para que pueda defender con reciedumbre y orgullo moral los intereses del Zulia. Es por ello, que debe insistirse en el estudio de la Historia del estado Zulia, porque a veces es preocupante observar que los jóvenes no tienen memoria histórica. Es fundamental  la memoria histórica porque esta constituye la catapulta que impulsará al zuliano hacia el futuro, hacia su propia conquista y superación.

       De todas estas conmemoraciones destacaremos una vez más, el de la Batalla Naval del Lago Maracaibo, acontecimiento histórico que consideramos de importancia trascendental porque contraselló definitivamente la Independencia de Venezuela y que no ha sido considerado, ni se le ha dado su valor histórico, a la hora de escribir las historias de Venezuela, ya que fue esta batalla y no la de Carabobo la que aseguró  de una vez por todas la independencia y ya no hubo vuelta atrás…esa fue la Batalla Naval del Lago de Maracaibo.

Historiadores locales insisten que para tener una idea en su justa medida, de esa batalla naval, es necesario que su estudio parta desde la independencia de la Provincia de Maracaibo, hoy estado Zulia, el 28 de enero de 1821; continuar con el desarrollo de los acontecimientos de acuerdo a un proceso histórico coherente: Batalla de Carabobo, una series de acciones militares como la de la Cañada del Manglar, Juana de Ávila y Salina Rica, hasta desembocar en la Batalla Naval del Lago de Maracaibo.

La Batalla Naval del Lago de Maracaibo fue la última de las campañas navales de la Independencia, librada el 24 de julio de 1823, entre la escuadra republicana comandada por el general José Prudencio Padilla y la realista mandada por el capitán de navío Ángel Laborde y Navarro, después de la Campaña de Maracaibo, dirigida por el general Manuel Manrique y todo ello, fue  coordinado por el general Mariano Montilla, jefe de la Zona Militar de Cartagena. El general Padilla decidió forzar la Barra de Maracaibo por primera vez en la historia  y ocupar el Lago, el 5 de mayo de 1823, realizando pequeños combates parciales contra la flota realista hasta el 24 de Julio, cuando se realizó la batalla decisiva, donde la escuadra realista se situó entre Capitán Chico y Bella Vista y la republicana frente a Los Puertos de Altagracia y fue el abordaje de esta última, lo que decidió la victoria, en dos horas de recio combate. La escuadra colombiana tenía 88 piezas, casi todas de a 18, con 872 hombres de dotación en 3 bergantines, 7 goletas y una fuerza sutil, con 13 piezas de diferentes calibres y 327 hombres de dotación; la de Morales compuesta por 3 bergantines, 12 goletas y 16 embarcaciones menores, tenía por todo 87 piezas, entre ellas 18 de a 4, 820 hombres de tropa embarcados y 497 marineros. Laborde sostuvo que era aventurada una acción naval contra fuerzas superiores, pero debió obedecer a Morales, lo cual ocasionó una gran cantidad de muertos, heridos y prisioneros del lado realista y la derrota total. Así se abrió el camino para las negociaciones con el capitán general de Venezuela, Francisco Tomás Morales, y al concluirlas, éste se obligó a entregar los buques, la ciudad de Maracaibo, el Castillo de San Carlos y el Castillo de San Felipe en Puerto Cabello, así como abandonar el territorio nacional. Esa fue la Capitulación que firmaron Morales, Padilla y Manrique, el 3 de agosto de ese año, con la cual se terminó de sellar la Independencia de Venezuela. Durante las acciones militares de nuestra emancipación, pocas fueron de tipo naval y  merecen recordarse: la Expedición Libertadora de Oriente (1813), las expediciones marítimas desde Haití (1816), comandadas por el Libertador, la  batalla del Golfo de Santa Fe, la Campaña de  Guayana y la Batalla Naval del  Lago de Maracaibo, la más gloriosa y mayor acción naval de nuestra epopeya, donde se inmortalizaron los próceres: Renato Beluche, Nicolás Joly, Gualterio  D’Chitty, Cenobio y Pedro Lucas Urribarrí, Felipe Baptista, Anselmo Belloso, entre otros. Epopeya que fue exaltada y glorificada con el canto de los poetas Ildefonso Vázquez, Udón Pérez, Marcial Hernández, Alberto Arvelo Larriva y otros.

Antes de la capitulación de Morales, quien todavía se encontraba en Maracaibo y es bueno destacarlo y recordarlo, exactamente el 28 de julio de 1823, la heroína altagraciana Ana María Campos,  quien fue a gritarle al derrotado capitán general  «si Morales no capitula, monda», hecha prisionera éste ordenó torturarla y azotarla en forma pública por las calles de la ciudad de Maracaibo, montada sobre un asno y bajo el látigo infamante del africano Valentín Aguirre; pero no cedió la heroína y logró ver la capitulación del tirano, después de su derrota final en la Batalla Naval del Lago de Maracaibo, que dio cumplimiento a sus palabras.

Son muchas las narraciones y descripciones que pueden hacerse con lujo de detalles y con la investigación exhaustiva de fuentes fidedignas,  de la Batalla Naval del Lago de Maracaibo, así como de los combates previos a este contrasello definitivo de la Independencia de Venezuela.

Los libros de “historia de Venezuela” publicados, por diferentes editoriales y autores centralistas, consideran a la Batalla Naval un combate más dentro de lo que se ha denominado la “Campaña de Maracaibo” (1821-1823), como el conjunto de acciones militares entre realistas y republicados, sucedidos después de la Batalla de Carabobo (24-6-1821) hasta el 3 de agosto de 1823 con la capitulación del mariscal de campo Francisco Tomás Morales ante el comando de las fuerzas republicanas, acto que marcó el final de la Campaña de Maracaibo, pero no de la Guerra de Independencia; ya que según esos “historiadores nacionales”  la Guerra de Independencia terminó el 10 de noviembre del mismo año, cuando los realistas, en Puerto Cabello, mandados por el coronel Manuel Carrera y Colina capitularon ante el general en jefe José Antonio Páez. Enfocado de tal modo que le restan envergadura a la Batalla Naval de Maracaibo, con un acto de guerrilla de un solo hombre, como fue el asalto a Puerto Cabello,  que no pondría en jaque la independencia de la República, ese acontecimiento si constituyó un  último y pequeño reducto realista, como lo afirmara el propio Libertador, en carta suscrita por él en ese año. Asimismo,  se le ha restado significación a movimientos pre-independentista en la región zuliana, como el organizado por el sub-teniente Francisco Javier Pirela en mayo de 1799. Casi negado por no existir las fuentes documentales necesarias.

Pero con todo y eso, la Batalla Naval de Maracaibo, lejos de las mitificaciones que se formaron en torno a ella, por exaltaciones telúricas y regionalismos exacerbados, no cabe duda que con ella se puso de manifiesto la honda trascendencia, por el hecho glorioso de que la victoria se debió, fundamentalmente, al arrojo de nuestra Marina de Guerra y a la valentía de quienes allí participaron. Lo cual constituyó como dijimos el sello definitivo de la Independencia absoluta de Venezuela, conquistada dos años antes por el Libertador Simón Bolívar en la Batalla de Carabobo, ya que con Carabobo solo se logró vencer a los monárquicos en cambio con la Batalla Naval se logró derrotar definitivamente a éstos.

Los resultados inmediatos de esta acción bélica naval fueron múltiples y positivos, de los cuales destacaremos los siguientes:

  • El territorio de la provincia de Maracaibo quedó totalmente libre.
  • La provincia de Maracaibo se adhirió a la jurisdicción republicana, como parte de la geografía de Colombia.
  • Adquirió su propia personalidad jurídica al crearse el Departamento del Zulia de la Gran de Colombia.
  • Esta región comenzó a conocerse como Zulia.
  • El Zulia en ejercicio pleno de su libertad, emprendió los caminos de su propio desarrollo y progreso.
  • Los habitantes de esta región empezaron a conocerse e identificarse como zulianos.

Vistos los hechos históricos más trascendentales del Zulia, observamos que parece que en el Zulia todo comienza y todo termina, toda gesta tiene su prólogo y su epílogo, y en esta tierra se encuentran los dos. Aquí nace el nombre de la Patria y aquí sella su independencia. Se ha querido estigmatizar al Zulia con eso de que se adhirió tarde al proceso independentista por mantenerse “noble y leal” a la corona española, porque razones las había. Pero cuando decidió incorporarse a la República lo hizo honrosamente y con arrojo. La participación del Zulia fue determinante en todos los acontecimientos que vendrían después. Y la contribución del Zulia sigue siendo decisiva en la actualidad. Ha habido gobernantes del país que han querido al Zulia y han sentido simpatía por su pueblo. Bolívar siempre tuvo especial afecto por Maracaibo y siempre la tuvo presente como capital  de aquel proyecto suyo de constituir una Gran República, que fuera el resultado de la unión de varios países americanos, idea que fue plasmada en la Carta de Jamaica fechada 6 de septiembre de 1815. Nos hemos mantenido firmes sin doblegarnos ante los sátrapas. A lo largo de nuestra historia los autócratas soberbios no han querido al Zulia, Castro cerró nuestra universidad en 1904, durante cuarenta años y Guzmán Blanco, intentó desaparecer al Zulia fusionándolo a otro estado, queriéndolo reducir a simple playa de pescadores y eso pareciera repetirse en estos tiempos. Pero ante esto siempre retumbarán las palabras encendidas de nuestro gran Marcial Hernández en nuestros oídos y nos pondremos de nuevo alerta. Esos mismos autócratas intentan humillarnos y combatir y destruir con insultos y cárcel los liderazgos que ha escogido la voluntad del  pueblo del Zulia. Pero no importa, el Zulia ya los conoce y con inteligencia sabe cómo tratarlos, la historia tiende a repetirse pero saldremos airosos de ella. Por eso, en esta hora malhadada, como diría Baralt, nuestro gobernador ha sabido salirle al paso y darle respuesta contundente.  Pero el pueblo del Zulia está de pie y jamás será sojuzgado porque este sabe lo que quiere. Somos un pueblo combatiente y combativo por  libertad, la paz y la justicia, pero asimismo somos un “pueblo bravo y fuerte / que en la vida y en la muerte / ama y lucha, canta y ora.”

Es por ello, que la conmemoración de estos hechos y en fecha como esta, no debe quedar como un simple “recuerdo ritualista” como diría el Dr. José Rodríguez Iturbe, sino extraer de estos acontecimientos históricos y de los forjadores de la nacionalidad la lección pedagógica de su ejemplo, en la lucha honrosa por la libertad de nuestro pueblo, para enrumbarlo por el camino de la paz y el progreso. Y es en estos momentos cuando el pueblo del Zulia se yergue a cumplir un papel decisivo y trascendental, una vez más, a favor de la Patria y su destino.

Gracias.

 

Publicidad

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*