[POSTRES] Hacer repostería es una forma productiva de expresión personal y comunicación

AUTOR Agencia Literaria
Young woman icing a cookie. Osaka, Japan. February 2017

Quienes disfrutan haciendo repostería aprovechan cualquier ocasión para encender el horno. Si alguien cumple años, hay que hacerle un pastel. Si llega una festividad, hay que hacer galletas. Y, de paso, unos brownies, porque a todo el mundo le gusta el chocolate. Pero resulta que significa mucho más que hacer una comida dulce. Hacer repostería, sobre todo si es para otras personas, puede resultar tremendamente beneficioso.

“Tiene la ventaja de que permite que las personas se expresen”, explica a la edición estadounidense del HuffPost, Donna Pincus, profesora asociada de Ciencias Psicológicas y del Cerebro en la Universidad de Boston.

“Se ha escrito mucho sobre la relación entre la expresión creativa y el bienestar general. Ya sea pintar, componer música (o hacer repostería), favorece una liberación de estrés, ya que supone una especie de vía de escape y un modo de expresarse”, prosigue.

El estrés guarda relación con un conjunto de problemas físicos y mentales, de modo que encontrar formas de abordar ese estrés es importante para lograr una vida sana.

Hacer repostería para otras personas también puede ser beneficioso para uno mismo a la hora de conocer y comunicar sus sentimientos. Susan Whitbourne, profesora de ciencias psicológicas y del cerebro en la Universidad de Massachusetts, menciona la convención social estadounidense de llevar comida a alguien cuando muere un ser querido. A veces las palabras no salen y solo la comida es capaz de comunicar lo que intentas decir. Tal y como señala: “A las personas a las que les cuesta expresar sus sentimientos puede serles útil la repostería para mostrar gratitud, aprecio o simpatía”.

Julie Ohana, trabajadora social y terapeuta culinaria artística, comenta: “En muchas culturas y muchos países, la comida es una verdadera expresión de amor, y la verdad es que es algo bonito, porque todos estamos vinculados a ella. Pienso que podría ser contraproducente si reemplazara la comunicación en el sentido tradicional de la palabra, pero si es un complemento, es algo totalmente positivo y maravilloso”.

Todo el mundo ha oído hablar de los beneficios que te aporta la meditación y el mindfulness (aumentan la felicidad y reducen el estrés, por poner un par de ejemplos), pero también hacer repostería puede provocar algunos de esos beneficios. “Hacer repostería requiere toda tu atención. Hay que medir las cantidades y concentrarse físicamente en extender la masa. Si te concentras en el olor y en el sabor, totalmente dedicado a lo que estás haciendo, ese preciso acto de mindfulness también provoca una reducción de estrés”, explica la profesora Pincus.

Esta creencia es uno de los motivos por los que la terapia culinaria artística es tan frecuente, a la par que la terapia artística: es uno de los tipos de terapia de activación conductual. Julie Ohana asegura que cada vez más profesionales se ponen en contacto con ella mostrando interés en recrear su modelo en sus respectivas terapias:

“Hacer repostería implica pensar paso a paso y seguir el aquí y el ahora, pero también consiste en pensar en las recetas como un conjunto, el plato como un conjunto, el uso que le queremos dar, para quién va a ser, a qué hora lo vas a compartir… Así que hacer repostería es una muy buena manera de desarrollar ese equilibrio entre el ahora y el panorama completo”.

 

Hacer repostería para otras personas es una forma de altruismo

Hacer repostería para otras personas es un acto de generosidad, un esfuerzo que haces desinteresadamente por alguien y cuyos beneficios para la salud están demostrados. El proceso aporta un sentimiento general de bienestar que es aún más intenso si está dedicado a los demás.

“Hacer repostería para otras personas puede incrementar la sensación de bienestar, ayudar a reducir el estrés y hacerte sentir que has aportado tu granito de arena al mundo, algo que quizás incluso aporte más sentido a tu vida y mejore tu vínculo con las demás personas”, comenta la profesora Pincus.

Ofrecerle comida a alguien es tan placentero para quien la recibe como para quien la comparte.

No obstante, “también hay un valor simbólico en el hecho de hacer repostería para otra persona, pues la comida tiene tanto una importancia física como emocional. La mayor parte de los beneficios se dan cuando no lo haces en busca de atención ni para quedar bien, sino simplemente porque quieres compartir la comida con gente que piensas que lo valorará. Siempre y cuando se te dé bien”, añade Susan Whitbourne.

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