[ORQUESTA] “El flamenco es una música viva y fresca”, aseguró su máximo exponente

AUTOR Agencia Literaria

Si el tatarabuelo de José Mercé (Jerez de la Frontera, 1955), el mítico Paco la Luz, levantara la cabeza y viera al último exponente de la «grandiosa dinastía» de Los Sordera, una de las más longevas del flamenco, abrazar la música clásica con alguna de las seguiriyas que él inventó, se quedaría «muy extrañado». «Si yo me trasladara a aquella época, supongo que también me preguntaría: “¿Pero esto qué es?”. En aquella época se cantaba con los nudillos en la mesa y, si había una guitarra, tenía tres cuerdas peladas», comenta el cantaor jerezano, entre risas, respecto a su última aventura: «Mercé sinfónico».

Un total de 39 músicos, 35 de ellos de la Partiture Philharmonic Orchestra de Jaén, junto a un percusionista, un bajista, un guitarrista y dos cantaoras, con los que Mercé interpretó en el Teatro de la Luz Philips Gran Vía de Madrid, sus temas más conocidos. «Me sorprendió cuando me llamaron para esto, la verdad», confiesa el cantaor, al que nunca le ha gustado quedarse «estancado». Es bien sabido que, en sus cerca de cincuenta años de carrera profesional, al autor de «Aire», el álbum más vendido de la historia del flamenco, le faltan muy pocos palos a los que echarles el guante. Ha dominado como pocos los cantes más antiguos con el beneplácito de la afición más ortodoxa e intransigente. «Sin embargo, cuando me propusieron cantar con la filarmónica, me pareció muy difícil. Me preocupaba, sobre todo, lo que nosotros llamamos el soniquete, es decir, el compás y el ritmo de bulerías como “Aire” o “Lío”, que son bastante “jodías” de meter en un pentagrama. Ahí fue donde hubo más problemas», reconoce el jerezano sobre este intento de fusionar la disciplina y la rigidez de una orquesta, con la libertad y espontaneidad del cante jondo: «El flamenco no lo inventó Pitágoras, es muy complicado llevarlo a un pentagrama, donde dos más dos siempre son cuatro. El flamenco es una música viva y fresca, de manera que dos más dos pueden ser 3,5. Si cantas una bulería, por ejemplo, y la vuelves a repetir dos minutos después con la misma letra, ya no suena igual. Eso es lo importante de este arte, por eso hemos intentado que el espectáculo no se base tanto en la partitura, sino que tenga un poquito de corazón, espíritu y sensaciones… y creo que lo hemos conseguido».

El cantaor, que no ha tenido reparos en el pasado para mezclar su música con géneros como el blues o el pop —«siempre me ha gustado arriesgar, no dormirme en los laureles»—, tardó un tiempo en aceptar la propuesta del productor Jesús Paulano. «Me lo pensé, claro. Tuvimos una reunión y, a los dos meses, la segunda. Fue entonces cuando Juan Paulo Gómez, director artístico del grupo de músicos, empezó a escribir los primeros arreglos instrumentales y yo a escucharlos para ver si funcionaban o no. Hemos estado más de un año y medio detrás de esta historia, probando cosas hasta que le dimos luz verde. Quería oírlo todo antes para ver si funcionaba», explica Mercé, que no tuvo que preparar la voz, asegura, de ninguna manera especial: «Yo sigo siendo el mismo cantaor con una guitarra, con una filarmónica o con un latón. No tuve que cambiar nada. Esos 40 músicos me acompañan y yo canto como lo haría con un guitarrista, con una música que emociona y tiene alma». Se refiere José Mercé a un repertorio que, tras comenzar con un martinete, el cante más antiguo, y arrancarse por soleás y alegrías, incluirá después junto a la orquesta canciones como «Primavera», «Del amanecer», «Al alba», «Garganta con arena», «Contigo» o las mencionadas bulerías de «Aire» y «Lío». Algunas canciones como «Llave del amor» no pudieron adaptarse, confiesa. «Tenía una parada imposible de hacer con la orquesta. Estaba en un ritmo y bajaba de una manera poco creíble a otro». Lo demuestra cantando a través del teléfono («Gitana, gitana, que bonita te pones cuando te enfadas… ¡llave del amor!»), pero advierte: «Nadie va a quedar defraudado, van a escuchar a un cantaor de flamenco».

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