A los 88 años muere el escritor chileno Saúl Schkolnik

AUTOR Agencia Literaria

David Hevia.- Aunque de profesión arquitecto, además de licenciado en Filosofía, Saúl Schkolnik sería internacionalmente conocido como una de las plumas más lúcidas de la literatura infantil chilena del último medio siglo, abriendo paso a una prolífica carrera literaria que se detuvo este miércoles, a los 88 años de edad.

Profesor de la Universidad de Chile en las dos disciplinas en las que se había formado, el verdadero rumbo de su quehacer comenzaría a tomar forma en 1964, cuando Jaime Bendersky publicó su primer volumen de relatos dirigidos para niños, titulado Cuentos de por qué. La incursión podría haber sido un hecho puntual, de no mediar algo más tarde otras circunstancias que adentrarían aún más a Schkolnik en el mundo de las letras, en general, y de la infancia, en particular. Y es que el advenimiento del gobierno de la Unidad Popular significó para él hacerse cargo de la dirección de la emblemática revista Cabro chico, a través de la cual Editorial Quimantú buscaba acercar a los niños al abordaje de temáticas sociales, intentando establecer un claro contrapunto con historietas como las de Disney. Esa experiencia fue forjando una de las características esenciales de las letras del creador nacido en Santiago el 9 de octubre de 1929: la construcción de tramas capaces de alimentar la imaginación de los menores y, al mismo tiempo, su capacidad de problematizar tanto la realidad como el mundo narrativo.

El énfasis dado por Schkolnik a tales objetivos no solo pulió su estilo, sino que fue rápidamente granjeándole el reconocimiento. En ese marco, por ejemplo, obtuvo en 1979 el primer lugar en el Concurso Latinoamericano de Literatura Infantil, organizado por la Unesco y desarrollado en Colombia como país sede. En la oportunidad, la pieza responsable de ese galardón, conquistado entre 2.500 participantes, fue el volumen de relatos Un cazador de cuentos. La presea fue clave para tomar la decisión de dedicarse de lleno al oficio, pero también para dar una señal creando la editorial Alicanto, que durante los años 80 haría llegar a las estanterías los más diversos libros dedicados a los niños. Más tarde, en 1995, su quehacer le valdría el Premio de Literatura Infantil del Consejo del Libro y nominaciones como candidato al Premio Nacional de Literatura.

Su obra

Autor de múltiples títulos de narrativa, entre los que figuran Cuentos para adolescentes románticos (1979), Érase una vez un hermoso planeta llamado tierra (1981), La historia de Frog, un sapo como cualquier otro (1989) y Cuentos de los derechos del niño (1996). Junto a ellos, también publicó textos de poesía infantil, como Cazando fantasías (1982) y Poemas para volar (2005).

“No se escribe para enseñar nada a nadie, y menos a los niños; puede que los adultos tengan algo que aprender de ahí, pero los niños no”, señalaba Saúl Schkolnik al abordar la función de la literatura.

[Fuente: Culto. La Tercera]

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