OBSTETRICIA EN NUESTRO ABORIGEN. Por Orlando Arrieta

AUTOR Agencia Literaria

En nuestras tribus indígenas, especialmente entre los indios salivas se consideraban como deshonra si alguna mujer tenía un parto gemelar, lloviendo sobre ellas críticas y burlas, comparándolas con animales tales como ratones y perras: los maridos sufrían y sentían humillación y vergüenza pues todos pensaban que solamente uno de los hijos era suyo en tanto que, el otro era prueba de infidelidad de su mujer, consecuencia de lo anterior, la pobre india esperaba con ansiedad el parto y al tratarse de gemelos mataba a uno de los dos, enterrándolo antes que nadie se diera cuenta para evitar así la paliza y el repudio general. El célebre explorador Alejandro Humboldt aun encontró vigente esta creencia indígena: “Dos hijos nacidos de un mismo parto no pueden pertenecer a un mismo padre” y por lo tanto las mujeres que parían mellizos eran expuestas al rechazo público y comparadas a rabipelados y animales que parían varios hijos al mismo tiempo.

Igualmente, cuando engendraban un niño con alguna anomalía congénita: Labio leporino, Sindactilia, pies zambos, ausencia de alguna extremidad u otro defecto visible fuera hembra o varón, los integrantes de la tribu aprobaban se les diera muerte de inmediato o se le enterraba vivo, de esta manera podían explicarse la afirmación de Humboldt de que entre los indios que observó, jamás constate uno con alguna deformación natural. Relata el padre José Gumilla que un misionero al oír sobre uno de estos crueles actos corrió al sitio señalado, y viendo una mano que la criatura había sacado fuera de la tierra y movía como pidiendo ayuda y con vida extrajo la cría bautizándola María del Milagro, que vivió varios años.

Este procedimiento eugenésico de los indios del Orinoco, es comparable con los llevados a cabo miles de años atrás por los espartanos, seguidores de aquellas leyes del legislador licurgo, que vivió en el siglo IX. AJC, encaminadas a formar un pueblo de guerreros, los cuales hacia examinar en las primeras horas de su nacimiento y eliminaban a los defectuosos y cortos de talla arrojándolos desde lo alto de un pico del Taigleto.

Tres características impresionaron a los cronistas sobre la obstetricia: La primera fue la insensibilidad de las indias a los dolores de parto, porque parían fetos muy pequeños y su pelvis era ancha con canal en forma de corazón. Inmediatamente después se practicaban una buena limpieza post-parto, “En pariendo, se en cuento al reposo que acostumbraban las mujeres antes y después del parto no lo hacían. “Multiplican mucho, y las mujeres preñadas no por eso dejan de trabajar… si hoy paren mañana se levantan sin pena como si no parieran.”

Es digno resaltar: El aborto lo practicaban con frecuencia, en caso que la mujer se disgustara con su marido. Lactaban sus hijos durante dos años, se abstenían de relaciones sexuales durante los últimos meses del embarazo y las primeras semanas después del parto. Este se presentaba en su casa o en una construida para tal efecto, si los dolores se presentaban estando en marcha la tribu, se apartaba del grupo, y en el monte paría sola sin comadrona. La postura en cunclillas, que es desde el punto de vista fisiológico el más adecuado para la evacuación de la pelvis. El cordón umbilical lo cortaban con una concha afilada o un trozo de bambú. La placenta la botaban al agua o enterrada, que era el gran remedio para evitar fiebre y hemorragia. Durante el puerperio las madres indias no interrumpían sus labores habituales, consideraban a las mujeres durante ese período y las de menstruación como impuras.

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