EL POETA GOLIÁRDICO DE MARACAIBO. Por Luis Guillermo Hernández

AUTOR Agencia Literaria

Fernando José de Sanjust y Perozo nació en Maracaibo el 30 de mayo de 1748 y murió en la misma ciudad, aproximadamente en la década de 1830-1840. Sacerdote, amante de la independencia del poderío español y primer poeta conocido cronológicamente en la historia literaria de la entonces Provincia de Maracaibo, quien efectuó sus estudios de lengua, gramática castellana, gramática latina y filosofía, durante tres años, en el “Colegio-Residencia” del Convento de los padres franciscanos de su ciudad natal, trasladándose a la Universidad de Caracas para cursar leyes y cánones, mientras que privadamente estudiaba moral, para así obtener cuatro borlas doctorales.
Sería ordenado como sacerdote el 29 de septiembre de 1772 y destinado a la Iglesia Matriz durante los dos años siguientes, hasta que en 1774 fue designado para el curato de Río Seco, donde escandalizaría a la población de la región, por convivir en concubinato público con Luisa Ortega, la viuda del doctor Francisco Lechuga, por lo cual fue castigado severamente por el obispo Mariano Martí durante su extensa visita pastoral, sin embargo no escarmentó en su vida desordenada, bohemia y pecaminosa. Para el año 1777 sería nombrado capellán de la tropa de la Guarnición de Maracaibo, ya en la Capitanía General de Venezuela, mientras continuaba con su existencia totalmente disipada y de escándalo público, la cual recordaba a los clérigos de la Edad Media denominados ” goliárdicos”. Condenado al cepo en 1785 por edicto del primer obispo de la Diócesis de Mérida de Maracaibo, Fray Juan Ramos de Lora, juicio que llegaría hasta el monarca español, sin embargo el padre Sanjust salió bien librado y hasta beneficiado, ya que en 1786 lo encontramos firmando la declaración de la obra pía de Santa Bárbara, mientras ejercía como presbítero en Maracaibo y se negaba a ir a los curatos de Dabajuro y Borojó, en el año de 1787. Tras la muerte de monseñor Juan Ramos de Lora se trasladaría a Mérida en 1790, al ser nombrado Fray Manuel Cándido de Torrijos como el nuevo obispo de la diócesis y más tarde, en 1799, sería capellán de la hacienda ”Nuestra Señora del Carmen”, situada en la zona de Bobures.
Al iniciarse el siglo XIX, Sanjust fue nombrado presbítero domiciliario del obispado en Maracaibo, por monseñor Santiago Hernández Milanés, donde sería el testador del doctor José Domingo Rus en 1811, al partir como diputado de Maracaibo ante las Cortes Extraordinarias Españolas y al mismo tiempo, se desempeñaba como el párroco de la Iglesia de Santa Ana, demostrando entonces su calidad patriótica al participar en la llamada ”Escuela de Cristo”, base del movimiento insurreccional de 1812 contra el gobierno español, sin embargo su participación activa no pudo demostrarse, ya que el propio José Domingo Rus pidió en las Cortes una ración vacante para Sanjust, por su fidelidad al Rey. Nombrado cura de Santa Bárbara, firmó el expediente de limpieza de sangre de Cipriano Piñeyro en 1815 y más tarde, en 1818, fue nombrado promotor fiscal del obispado. En 1824 todavía vivía en Maracaibo, como capellán suelto por su edad y según Manuel Dagnino murió en la década de 1830-1840, en una respetable ancianidad.

La madre de José Ramón Yepes, el ”Cantor del Lago” y más tarde él mismo, conservaron la obra poética conocida del padre Sanjust titulada “Memoria póstuma de un enfermo a quien el facultativo le ha intimado se disponga para morir” o “La despedida del mundo del Padre Sanjús”, poema serio y cristiano, con cierto tono satírico, constituido por dos sonetos y una décima, quizás con escaso valor literario como han expresado algunos comentaristas de las letras zulianas, sin embargo tiene el mérito histórico de ser el único poema conocido y conservado del autor zuliano más antiguo cronológicamente, gracias al periodista y escritor José Domingo Medrano, quien reprodujo el poema citado de Fernando de Sanjust y Perozo, incluyendo además fragmentos de una “Décima” y una “Cuarteta satírica”, quizás más antiguas en su redacción, en el primer tomo de su texto antológico “El Zulia Literario” (1880).

Como lógico colofón de esta crónica biográfica sobre Fernando José de Sanjust y Perozo, el “poeta goliárdico de Maracaibo”, se incluyen sus creaciones literarias localizadas.

Cuarteta satírica

Vuestro don, señor Hidalgo,
es como el del algodón,
que vino a tener el don
después de tener el algo.


Décima (Fragmento)

Todos somos iguales y parientes.
todos nacemos ramos descendientes
del tronco antiguo del primer humano.
sepa quien de los títulos ufano,
tiene por calidad los accidentes,
que hay dos generaciones diferentes:
virtud y vicio, y lo demás es vano.


Memoria póstuma de un enfermo a quien el facultativo le ha intimado
se disponga para morir
o
La despedida del mundo del Padre Sanjús

Terminándose el sueño de mi vida
mi humana, mortal, física estructura
no deja otra señal de su pintura
que una sombra fugaz, desconocida.
En hora tan fatal mi alma os convida,
mortales, a ver hoy que atropos dura
me intima del destierro mi soltura,
o del teatro del mundo mi partida.
¡O momento fatal! ¡Tétrico instante!
en que la parca hostil, en providencia,
ha descargado ya su cruel alfanje,
para hacer ver ufana al caminante
que ha cedido a la muerte mi existencia,
y a mí su eterno horror, infausto, en canje.

¡Y bien! ¿qué he de morir? Si, no hay remedio,
pues para eso he nacido y dios me ha creado.
sea siempre bendito y alabado
quien de todo es principio, fin y medio.
No creas, muerte, no, que causas tedio
a mi fiel corazón atribulado,
ni a mi espíritu grande aunque turbado,
con tu invasión, sorpresa y cruel asedio.
pero al cabo soy hombre, soy sensible,
y al paso que la vida es muy amable,
no obstante, como efímera y falible
caduca la hizo Dios, y terminable;
y por tanto la muerte indefectible
despojo me hace de ella irrecusable.

Exhalo el último aliento
de mi vida temporal,
pues la muerte natural
ya me lleva a otro elemento:
mundo de tu pavimento
yo me separo y desvío;
más resignado y con brío
de mi alma digo en concordia:
Dios mío, misericordia;
Misericordia, Dios mío.

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