Selección de poemas de Jorge Morales Corona

AUTOR Agencia Literaria

Presentamos una selección de poemas inéditos del poeta Jorge Morales Corona (Santa Ana de Coro, 1995), el cual ha publicado los poemarios “Escribiendo en Tierra de Nadie” (reeditado internacionalmente en 2016), “Peregrina de Vidas” (EEUU, 2015), “Alma” (edición especial del Día Internacional de la Madre 2015), “Ciudad del Sur” (EEUU y España, 2016) y “Reflejos cotidianos” (España, 2017); como narrador ha publicado el libro de cuentos “Cirqueros, Gitanos y Embusteros” (España, 2017). Parte de su trabajo ha sido incluido en numerosas antologías en España, Argentina y México sobre poesía y cuento. Preside desde 2017 la junta editorial de la Revista Literaria Awen y de Ediciones Palíndromus y se desempeña como editor digital de autores de todo el mundo.


MURO
Algo parecido a una piel ha comenzado a habitarme
como una fuerza atada al silbido pulsátil del muro en el que resido
(es decir)
en el hogar donde comparto la indisciplina de sernos indiferentes
tanto que nos hemos aprendido a hacer compañía
entre el derrape de las motos, las bocinas descontroladas y las ambulancias que no dan tregua
unas y otras siendo algo parecido a un muro
el concreto que come, defeca y ayuna durante una semana esperando derretirse
convertirse en barro
y luego en hombre y luego en mujer
y luego en muro otra vez

Ese algo que cohabita conmigo le dice que no se vaya
así como la costumbre nos ha llenado los espacios que deslealmente compartimos
Donde un mar es una sala lejos de esta ciudad
y un tambor: reminiscencia del ocaso en el exilio
de tenernos en la violencia de la bajada en picada, casi en cámara lenta
ajustando nuestros ángulos a las formas más básicas de la subsistencia
animales atrapados en una estepa solidificada
en esta temporada de sequía que nos vuelve nuevamente muros
que van a desaparecer como la juventud
la acción y el movimiento
siendo simples extraños en una edad apta para entender que más que acompañar
lo nuestro fue un extraño festival de ciudades, descuidos, errores embrionarios, jueces y sacerdotes mentidos
y una razón para viajar y hacer del barro un pequeño terruño
donde edificamos nuestro reproche impune como un cofradía


FURIA
Quiero encerrarme en una habitación donde las barajas de mi abuelo sigan sonando
repartiendo el humo indiferente de la tarde, el olor de la lluvia afuera, sin temor adentro
como si gustar del pasado fuera una puerta a la dimensión desconocida de la nostalgia con una calle de fotografías, cruzada desde la baraja hasta la lluvia
una y otra vez, comenzando y repitiendo la acción
dos veces, tres voces, hasta cuatro voces se abrazan a él, a la lumbre que comienza a encerrarme junto a los fantasmas de los años perecidos
caídos en victoria levantados entre los brazos tatuados en ciudades, olores, sonidos y sentires
un museo en la epidermis un hogar en la pared junto a la montaña un olor a tabaco impregnado en las repetidas ondulaciones de la llovizna que lo encerró a jugar conmigo
como alguna vez lo hizo
como lo recuerdo o como lo ansío

No lo sé este encierro imaginario esta furia que recorre mis historias inventadas
me arrebata el verdadero sentido del abrazo
de sus palabras desde el silencio
de una risa sentada junto a él
de algo que llamo imposibilidad de vivir sin un hogar en la dimensión duplicada de la memoria
con un rastro de imágenes divisorias entre mi juventud y la vejez
de la lluvia, el humo de la ciudad y la baraja que juego para nunca desprenderme de él


ENTRE EL SONIDO DEL MUNDO
¿Por qué el poeta siempre se convierte en árbol?
¿A dónde va a morir con sus dedos estoicos y su boca petrificada?
Alguna vez corrí entre sus sombras y me apertreché en el latido
de la tierra mojada, de los caminos hacia el desemboque de esta lluvia que soy
{una lágrima dejada sobre la hoja}
Un aparato inamovible que genera hojas en blanco
un poeta de madera y lágrima del oleaje
{y silencio otra vez}
contra el sonido indiferente del mundo
donde no hay palabra para morir en esta jaula de licor


HOMBRE HUESO
El pecho fue una arena que se solidificó
al detenerse la lluvia
lejos de la inspiración
de palabra como CO2

Me acostumbré a cenar
sequía

Los labios nunca fueron
tan marchitos


AL CAER LOS ROSTROS
En la regresión de lo real algo llama
en el extremo oculto de la rabia
y la oferta
como palabras que nos suceden en la vena
tan rápido que es estático
y tan volátil que es estéril

es, quizá, el abrazo de los horizontes
que convergen en mi rostro
como universos interminables del deseo


MOVIMIENTOS OSCILATORIOS
La casa que me habita se ha inundado
con las goteras suficientes
para crear una frontera con el mar
y anidar cualquier presagio sobre vida
dentro de la devastación

La casa me habita solamente
al sumergirme entre su agua oscilatoria
al desnudarme
y hacer con el sudor de mis ancestros
un sol marcado en la espalda


BENIGNA
Hay un abrazo que aguarda subir al colectivo
girar sobre su mirada y clavarse de nuevo en mi pecho
hacer el amor con la mirada
destrozar el ecosistema indiferente del acero
y por último decirnos algo que nada signifique
dentro de los parámetros de la vuelta y el humo
La palabra, a fin de cuentas,
sólo nos sirve para querernos desde la penumbra

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