Selección de poemas de Enmanuel III Colmenares

AUTOR Agencia Literaria

Enmanuel III Colmenares. (Trujillo, Venezuela) Poeta, Docente y Licenciado en Educación con Mención en Castellano y Literatura de La Universidad de Los Andes. Realizó estudios de postgrado en la Maestría en Literatura Latinoamericana de la Universidad de Los Andes. Docente de Castellano y Literatura a nivel Medio y Diversificado. Su primer poemario Revelar Revuelo resultó ganador del Concurso Nacional de Literatura Ipasme (2012). Participó y representó a Venezuela en el 10mo Festival Mundial de Poesía (Caracas, 2013), cuyos textos poéticos aparecen en La Antología del 10mo Festival Mundial de Poesía, publicado por la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello (Caracas, 2014). Su poemario Alcachofa y otros poemas sobre la ciencia ganó el Primer Premio del V Concurso “Por una Venezuela Literaria”, en Homenaje a José Pulido (Editorial Negro sobre Blanco, 2015).  Diver-s-edad(es) Antología Poética (Editorial Negro sobre Blanco, 2016).


 

VI
Las casas no eran palacios ni catedrales los templos
Juan Ramón Jiménez
El lugar de origen era
asombro azul en la infancia.
Era descubrir cada milagro, el principal,
estar vivo.
Sí, estar activo.
Viendo las primeras casas:
La de barro (VIVIDA DE SILENCIOS).
La del lavadero (BARCOS DE PAPEL).
La untada de granadas (EN MÍNIMAS MANOS).
La del mueble rojo donde dormía y caía entre la noche,
y mis padres
mis hermanos
escuchaban los golpes de mis sueños…sí, mis sueños.
Si mis recuerdos no me engañan, meditaba en otros lugares, mi otra familia.
Mis incipientes pasos por estos sitios eran, si no estoy equivocado, de atracción.
Y si mis datos no me mienten sentía admiración por la carpintería de mi abuelo,
ese territorio donde él fabricó su urna,
cuando Dios estaba
de vacaciones.
Al lado derecho de su entrada una iglesia,
en la que siendo Pastor Protestante
sobó atriciones debajo de las bancas
de los feligreses.
Detrás del patíbulo sus remordimientos eran tormentas…
Al fondo, una casa con nombre,
una casa donde sus habitantes anidaban desde lejos.
La casa pasado de diábolo, pretérito acto.
Remoto aplauso de circo ocurrido en los Mucas,
sucedido en la lejanía del tiempo vencido;
sin olvido, con presencia,
la casa de 8 hijos e hijas
garlopa y de torno
hacendosa de Biblia era
la casa errante
pensaba-pensaba
al repasar sus seres en el esbozo
de la memoria:
El que partió a París a mostrar su arte /
y comprobó la afinidad del universo.
La que cantaba como los ángeles
y obsequiaba besos
a todos los seres del valle.
El que con tono ronco su voz es destempladamente -p-r-o-funda.
La que tenía piernas hermosas parecidas al ébano.
El que aún habla enérgico semejante a trueno de fuerte borrasca.
La que sus piernas son chiquitas como de mesa en la que comen niños.
El que era negro y se hechizaba por formulas físicas.
El que era blanco, siendo hijo de otro, se vino a pie desde Argentina.
Andarines en el bloc trotamundos de sus piernas,
personalidades y faenas.
Sembrando la simiente a sus descendientes,
el grano terrenal
la esperanza azul que es
como el cielo sin nubes
despejado y despierto…


X
No escogimos el momento para venir al mundo:
Ahora podemos hacer del mundo
en que nacerá y crecerá / la semilla que trajimos con nosotros
Gioconda Belli
Tenía que nacer un niño que contara la historia
de esta familia,
un niño
tenía que nacer:
blanco,
bajito,
con mirada clara
como de anhelo,
soñador como la montaña de piedras,
que ya es taladro
abriendo huecos.
Con pulir brilloso como resina
descubriendo a su abuela,
cifrando
la genealogía en el libro sagrado;
lo sincero de las paredes altas,
las paredes altas
de lo sincero,
hundiendo tachuelas en madera,
recordando la camisa larga de su padre
uniendo,
alzando vista como muralla,
entristecida por el barco
de cielo,
con sus cometas e infinitos pelos,
maravillando todo como circo callejero;
siendo acróbata, malabarista y ágil
coordina el desastre
manejando objetos.
Tenía que nacer un niño que contara el signo de este
valle,
un niño tenía que nacer,
que asistiera los domingos al único cine,
acudiendo los viernes a su biblioteca de madera,
cantando en sus dos calles,
observando la ceniza que los piratas dejaron,
meditando sobre la pausa en las agujas del reloj de su iglesia.
Presintiendo sus grandes hechos,
sus grandes pensadores,
su monumento extranjero.
Que el río blanco nunca se escurra,
y la quebrada de leche no traiga desechos,
que el río de sangre sienta en la cueva,
y cavile que el tiempo aquí es
estacionario y quieto.
Un niño tenía que nacer…


XII
A Manuel Cabrera
(Artista popular trujillano, 1949-1991)
Alguna vez dijiste que la naturaleza era
la gran artista
el origen de toda imagen
la hacedora de otros planetas y países increíbles
y con certidumbre no se llamaban
ni Tlön ni Uqbar.

Alguna vez señalaste que le colocaríamos otros nombres
a otros paisajes soñados
a la recreación propia
de revelar en las piedras
figuras de otras galaxias
con otras materias y fuerzas de seres
que se esconden
y se ven
y nadie goza
de la furia / del poder.
Simplemente uno anda solo
impreciso en el horizonte.

Alguna vez indicaste
que tu brújula serviría de guía
a los destinos y desatinos nuestros
de vagar por la tierra
en busca de muchas preguntas
y no de tantas respuestas.

Alguna vez en el patio de tu casa
todos niños / todos felices
sembramos tomates y lechuga
y la regalamos a los necesitados del mundo
ya éramos ricos
por la fortuna encontrada
en ríos y montañas.

Alguna vez dijiste que tus esculturas vivirían
en plazas y museos.

No dijiste alguna vez
el silbido de esa bala
la que se alojó en tu cabeza.

Esa mañana lo supe
esa mañana lloré.


XIII

S E R P E N T E A D O RÍO O N D U L A D O
Z I G Z A G U E A D O aparece de las montañas
baja
a mojar la tristeza del valle
a empapar la alegría que sube
en bicicletas destartaladas.
Este es el afluente
que ha bañado a los cuerpos de las dos calles.
A los muertos que se han ido aquí encontramos
sus sombras.
En cada paso sus caminos hablan
de sus huellas,
y ellas son pistas donde se hallan
pertenencias:
brújula, maleta, relojes.
-Cuando vemos los árboles uno siente estar en sus ojos -El sol acaricia las hojas
hasta la piel
del río.
Así decía Manuel
mientras buscaba entre las piedras
figuras de animales con otras materias y fuerza de seres…
yo me sentaba a escuchar al río chiiichiiichiiichiiichiii…
y le dije –Tú eres el lugar, el guía como una bitácora,
herencia de antepasados en la que un tiempo pasa,
no pasa,
existe,
en silencio.


VII
Los ayeres de estas casas
huelen a la reconciliación del silencio,
a la alegría de una puerta y su signo de ?
huelen a tristeza en sus miradas.
-Betania-
haciendo preguntas a sus habitantes
entre todos los mangos de la tierra
sin que nadie
los deshaga.
Como los niños que colocan títulos a sus viviendas
-El otro pacto- de ordenar
el desorden ya sin orden
de combatir los errores, sus errores.
Ya no hay tiempo de arreglar sus nidos
ya tienen mucho serrín sus techos
ya se van como parten los circos
de lugar en lugar, cambiando el rumbo:
rutas, cursos, viajes,
errantes, nómadas, confusos,
dejan al valle, ya sin valle,
quedan en medio
del recuerdo,
silentes,
difusos.


IX
Cuando Tomas sufrió el ataque de apoplejía
yo tendría
11 años.
A esa edad el mar soñaba en mi cuarto,
hablaba de olas, de orilla,
de encuentro.
Todo el vallecito de Mucas espiraba piedras.
Una piedra era cóndor, gaviota, fiera de nubes.
Cuando Tomas publicó El cielo a medio nacer papá tendría
15 años.
A esa edad mi padre era un mozo, escuchando
la cabellera larga
de mi madre,
con su ropaje de oro,
con sonrisa quieta
como de bosque
sin gente.
Cuando Tomas nació en el 31,
Estocolmo dio una palmada,
yo me encontraba en el futuro de las sombras,
donde todos estamos inertes
como árboles
sin viento.
Hoy Trujillo es poesía.
Lee marzo del 79.
Lluvia de lenguaje, palabras.
Mes y año
nacimiento mío,
en el poema
de Tranströmer.


XXIV
A mis hermanos
Enmanuel David y Leunamme Divad
Un talismán vuela con nosotros en una estirpe de
madera.
Entre clavos, mazos
pega blanca, papel de lija.
Frotar al revés con nuestras manos,
a los seres queridos
que se fueron,
y se quedaron luminiscentes
entre las paredes
del otro pacto.
Un talismán vuela con nosotros
sobre amalgamas azules,
acertijos antiguos,
amuletos de la abuela…
glorificando nuestros mundos
con sus brazos chispeantes,
ardientes de amor.
Un talismán vuela con nosotros
en los asientos de una iglesia
bajo la aureola utópica
de colectivismo.

Un talismán volará con nosotros
crisálida en los tiempos,
tejedores maravillosos
que vendrán a revelarse,
entre telas y botones
semicueros e hilos
y agujas
para pinchar al olvido.

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